Al estimado lector que llegó a este humilde blog luego de preguntar "el bife chorizo argentino es nuestro querido lomo vetado?", le digo que la respuesta es la misma que cuando uno se pregunta "¿me quiere?".
O sea, la respuesta es NO.
Y mira que de eso yo sé un montón.
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jueves, 14 de julio de 2011
martes, 20 de julio de 2010
¡A comeeeer! (2)
Frío, frío, frío, frío; frío como el agua del río; mucho frío, frente en altura, onda polar, esa onda; frío en Bolivia, frío en Argentina, frío en Paraguay, frío en Brasil, frío en Chile, uy qué frío; cómo os ven y no os cubren, ¡Dios mío!, la camanchaca se escarcha en el norte, ¡chuuuuu...!, ¿y en Champa?; no, en Champa llueve a la antigua como en Llanquihue; falta forraje para los animales; terremoto blanco en Aysén; ayayay. Ah, pero estamos en invierno. Ah, bueno, entonces sí. Pero igual no bajemos los brazos, hagamos algo, tapémonos; no, pero aparte de eso; sí, bueno, tengo una amiga suiza que fue al salar de Uyuni, porque ¿puedes creer que hay gente que PAGA por ir al Salar de Uyuni?, uyuyuy, qué gente; sí, hay gente y gente; claro, y me contó que las únicas veces que no sintió frío fue cuando estaba comiendo; ¿comiendo qué?; no sé, no le pregunté, pero hagamos algo; OK.
Ven para acá que te voy a preparar unas lentejas comen las viejas.
La operación se fragua la noche anterior, o sea, anoche.
Anoche se dejan remojando las lentejas en abundante agua fría, porque para eso hay harta.
______________
Disquisición: Prepararía lentejas más seguido si no fuera porque me falla la memoria. Se me olvida dejarlas remojando la noche anterior. Para que no seas como yo, querido lector, querida lectora, sugiero inventar algo para que te acuerdes; por ejemplo, cambiarse de muñeca el reloj. Ah, pero no usas reloj..., bueno, nadie es perfecto, total caminando rápido ni se nota; entonces puedes poner un post-it en la almohada... ¿que tampoco tienes cama...?, ¡válgame Dios!, no tienes reloj, no tienes cama, ¿quién te crees que eres?, ¿Ghandi?... ¡Anda y hazte una cruz en la frente con marcador indelebelele, así te acuerdas cuando te vayas a cepillar los dient...! No, déjalo así. Perdón. No quería tocarte ese tema. Lo siento. En serio... Ya sé: avísame cuando tengas ganas de preparar lentejas, porotos, garbanzos, legumbres en general, o cuando quieras dejar carnes marinando toda la noche y yo te pego un telefonazo antes de acostarme. Ya está. No, de nada.
_______________
...harta.
Al otro día, se escurren y se ponen a cocer -entre 15' a media hora, depende de lo chúcara que sea la lenteja- en no tan abundante agua (pero hay que estar mirándolas; no es un buen momento como para ir a depilarse las piernas) con un cubito de caldo; a menos que seas Chef Diplomado, porque ésos le ponen caldo de verdad.
Una vez que las lentejas están blanditas (lo que se comprueba -con cierta dificultad, porque hay que destapar la olla, y entonces se arroja a tu rostro el monstruo Vapor Hirviendo; y después las lentejas, que parece que saben de tus siniestras intenciones, te queman la lengua en un postrer intento de evitar un destino aciago- probándolas), agregas dos puñados de arroz. Los que tengan manos grandes, agreguen dos puñaditos y dejen su número de teléfono para una amiga mía que está en edad de merecer.
Todo el mundo sabe que el arroz, cual casquivana, está listo en 20 minutos. Mientras eso ocurre, corta una cebolla, más bien chicoca, en cuadritos -no necesariamene geométricos- y sofríela junto a una generosa cantidad de chorizo, choricito o choricillo, no importa, lo que tengas más a mano. Ponle también un poco de pimentón rojo, ajo a indiscresión, condimentos al gusto tuyo y orégano al gusto mío. Listo el sofrito y pasados los 20', todo a la olla. Prueba. Ve si necesita más sal. No abuses, recuerda que eres "carne de hipertensión arterial". Apaga.
Dale cinco minutos de reposo.
Suficiente como para preparar una ensalada de tomates.
Sirve y lleva a la mesa con: a) huevo duro molido si vives solo, b) queso rallado si estás familiarizado con el olor a patas, c) un soberbio huevo frito si eres bon vivant o d) a capella si eres espartano.
El vinito tinto lo llevo yo, faltaba más.
sábado, 26 de diciembre de 2009
Primer Balance de 2010
El Señor hizo en mí maravillas, no obstante, he experimentado lapidarios cambios.
Ahora me hago la raya del peinado a la izquierda.
Cambié el celestito cagón del Belmont por el elegante rojo italiano del Viceroy corriente.
Dejé la Coca light por la Coca Cola dura.
Volví a la Radio Futuro.
Misma que oía en 1995.
Aunque los puristas dirán que técnicamente esto más que cambio es una regresión, pero me importa un rábano.
Sigo sin justificar la existencia del pulgar oponible.
O sea, sin celular.
¿Y el Nivel de Pelotudismo?
No, ése aún no presenta variación perceptible para el ojo humano.
Por ejemplo, hace dos días gasté $700 en El Loto Que Cambiaría Mi Vida Para Siempre (y la de ustedes también, ¿por qué no?... aaaaaah, ¿ahora me van a salir con que son ascetas...?).
Hoy, cuando quise revisar -y ahí tendríamos otro cambio: ahora reviso si me gané el Loto o no-, me di cuenta que había botado el papelito que te entregan con los números.
Y sujeto con un cosito magnético en la puerta del refrigerador estaba la hoja donde uno marca sus preferencias.
Ahora me hago la raya del peinado a la izquierda.
Cambié el celestito cagón del Belmont por el elegante rojo italiano del Viceroy corriente.
Dejé la Coca light por la Coca Cola dura.
Volví a la Radio Futuro.
Misma que oía en 1995.
Aunque los puristas dirán que técnicamente esto más que cambio es una regresión, pero me importa un rábano.
Sigo sin justificar la existencia del pulgar oponible.
O sea, sin celular.
¿Y el Nivel de Pelotudismo?
No, ése aún no presenta variación perceptible para el ojo humano.
Por ejemplo, hace dos días gasté $700 en El Loto Que Cambiaría Mi Vida Para Siempre (y la de ustedes también, ¿por qué no?... aaaaaah, ¿ahora me van a salir con que son ascetas...?).
Hoy, cuando quise revisar -y ahí tendríamos otro cambio: ahora reviso si me gané el Loto o no-, me di cuenta que había botado el papelito que te entregan con los números.
Y sujeto con un cosito magnético en la puerta del refrigerador estaba la hoja donde uno marca sus preferencias.
lunes, 16 de noviembre de 2009
¡Joya!
Por si no se han dado cuenta estamos en primavera, época de rituales de cortejo y de preñar a las hembras.
No, yo digo porque ya va a llegar el verano, trayendo consigo el famoso "Efecto Sopapita" (no sé nada yo; pregúntenle a Podeti). Después en el otoño todo se cae. Y en el invierno... ¡tai loco!, ¡con el frío que hace!
Aaaaaah, ya veo venir el llanto y el crujir de dientes.
Apuesto que ahora les va a dar por hacer dieta y correr al gimnasio, pero déjenme decirles algo: YA ES TARDE.
Además las dietas no sirven.
Después van a subir el doble de lo que bajaron.
Un nutricionista lo podría explicar mejor, pero básicamente es eso.
¿Y quién les garantiza que después de tanto sacrificio van a aumentar sus probabilidades en el ámbito reproductivo?
Nadie.
Ahora, luego de sembrar el caos y la confusión, yo podría dejar esto hasta aquí, cerrar e irme a hacer mis cosas, pero no; en el fondo no soy tan mala y, ¡maldición!, algo de cariño les tengo así que les voy a dar una mano.
A ver... veamos con qué cuentan.
Hmmmm... s-s-s-ssssí... puede ser, algo hay.
Pues bien, en primer lugar bajemos los niveles de ansiedad que así no llegamos a ninguna parte. Segundo, de acuerdo a un estudio de campo que hice, machos y hembras sucumben -entre otras cosas- ante una linda sonrisa.
Para que mejoren la que tienen (asumiendo que tienen los chocleros en buen estado), les voy a revelar el secreto mejor guardado de Catherine Zeta-Jones.
Tomen nota.
Ingredientes
20 ó 25 frutillas maduras, lavadas y con las mechitas verdes
1 televisor
1 algo para sentarse
1 espejo
1 poco de agua
Procedimiento
Prendes la tele y te sientas a ver algo; cualquier cosa, no importa.
Agarras una frutilla por la partecita verde y le das un mordisquito en el extremo.
A continuación, restriegas -o refriegas, como gustes- la frutilla por la superficie visible de tu dentadura.
Sale más fácil si sonríes.
De paso aprovechas de practicar.
Después te comes la frutilla.
O la botas.
O la cortas longitudinalmente y colocas cada trozo entre hojas de papel secante, le pones algo muy pesado encima y... ¡no sé!, ¡no me hagas la vida imposible!, ¡lo importante es que te pases la frutilla por los dientes, caramba!
Repite el procedimiento con varias frutillas.
Quince, pongámosle.
Las restantes te las comes lentamente.
Para optimizar los resultados, e ir creando ambiente, puedes imaginarte que eres el tipo -o la tipa, según- de la película 9 y 1/2 semanas.
En la escena de las frutillas, claro.
Finalmente, enjuágate la boca con un poco de agua, mírate al espejo y sonríe...
Te ga-ran-ti-zo que tus dientes van a tener un je ne sais quoi que los hará ver más lindos.
Por cierto, el procedimiento es totalmente inocuo.
Me usé a mí misma como conejillo de indias.
Por si todavía no te convenzo, contéstame esto:
Al final final, ¿con quién se queda Michael Douglas?
¿Con Kathleen Turner, con la que hacía tan linda pareja en La Joya del Nilo?
No.
Con Catherine Zeta-Jones.
¿Por qué?
Por los dientes.
¿Ves?
Igual si no resulta, a no desesperar.
Siempre habrá otra Temporada de Apareamiento.
En fin, un poco de música.
Si gustan pueden bailar.
A ver si me bajan un poco esa panza.
http://www.youtube.com/watch?v=F_D0Kc0RGu4
Ah, si pasan cerca de Catherine Zeta-Jones, mejor no sonrían.
No, yo digo porque ya va a llegar el verano, trayendo consigo el famoso "Efecto Sopapita" (no sé nada yo; pregúntenle a Podeti). Después en el otoño todo se cae. Y en el invierno... ¡tai loco!, ¡con el frío que hace!
Aaaaaah, ya veo venir el llanto y el crujir de dientes.
Apuesto que ahora les va a dar por hacer dieta y correr al gimnasio, pero déjenme decirles algo: YA ES TARDE.
Además las dietas no sirven.
Después van a subir el doble de lo que bajaron.
Un nutricionista lo podría explicar mejor, pero básicamente es eso.
¿Y quién les garantiza que después de tanto sacrificio van a aumentar sus probabilidades en el ámbito reproductivo?
Nadie.
Ahora, luego de sembrar el caos y la confusión, yo podría dejar esto hasta aquí, cerrar e irme a hacer mis cosas, pero no; en el fondo no soy tan mala y, ¡maldición!, algo de cariño les tengo así que les voy a dar una mano.
A ver... veamos con qué cuentan.
Hmmmm... s-s-s-ssssí... puede ser, algo hay.
Pues bien, en primer lugar bajemos los niveles de ansiedad que así no llegamos a ninguna parte. Segundo, de acuerdo a un estudio de campo que hice, machos y hembras sucumben -entre otras cosas- ante una linda sonrisa.
Para que mejoren la que tienen (asumiendo que tienen los chocleros en buen estado), les voy a revelar el secreto mejor guardado de Catherine Zeta-Jones.
Tomen nota.
Ingredientes
20 ó 25 frutillas maduras, lavadas y con las mechitas verdes
1 televisor
1 algo para sentarse
1 espejo
1 poco de agua
Procedimiento
Prendes la tele y te sientas a ver algo; cualquier cosa, no importa.
Agarras una frutilla por la partecita verde y le das un mordisquito en el extremo.
A continuación, restriegas -o refriegas, como gustes- la frutilla por la superficie visible de tu dentadura.
Sale más fácil si sonríes.
De paso aprovechas de practicar.
Después te comes la frutilla.
O la botas.
O la cortas longitudinalmente y colocas cada trozo entre hojas de papel secante, le pones algo muy pesado encima y... ¡no sé!, ¡no me hagas la vida imposible!, ¡lo importante es que te pases la frutilla por los dientes, caramba!
Repite el procedimiento con varias frutillas.
Quince, pongámosle.
Las restantes te las comes lentamente.
Para optimizar los resultados, e ir creando ambiente, puedes imaginarte que eres el tipo -o la tipa, según- de la película 9 y 1/2 semanas.
En la escena de las frutillas, claro.
Finalmente, enjuágate la boca con un poco de agua, mírate al espejo y sonríe...
Te ga-ran-ti-zo que tus dientes van a tener un je ne sais quoi que los hará ver más lindos.
Por cierto, el procedimiento es totalmente inocuo.
Me usé a mí misma como conejillo de indias.
Por si todavía no te convenzo, contéstame esto:
Al final final, ¿con quién se queda Michael Douglas?
¿Con Kathleen Turner, con la que hacía tan linda pareja en La Joya del Nilo?
No.
Con Catherine Zeta-Jones.
¿Por qué?
Por los dientes.
¿Ves?
Igual si no resulta, a no desesperar.
Siempre habrá otra Temporada de Apareamiento.
En fin, un poco de música.
Si gustan pueden bailar.
A ver si me bajan un poco esa panza.
http://www.youtube.com/watch?v=F_D0Kc0RGu4
Ah, si pasan cerca de Catherine Zeta-Jones, mejor no sonrían.
miércoles, 28 de octubre de 2009
¡A comeeeeeeer!
Charquicán.
Hoy habrá charquicán.
Porque es sano.
Al final tienes que tirar cáscaras a la basura y eso es garantía de que la comida que preparaste es sana. (Uuuuh, tengo la ligera impresión de que esto no se me ocurrió a mí.) (Bueno, siempre tengo esa impresión. Cualquier cosa, después arreglamos.)
Pones papas (peladas, lavadas y todo eso; no perdamos tiempo en detalles, esto es para hoy) y zapallo en una olla con agua.
No mucha. Lo suficiente como para que a los 20 minutos de cocción todavía quede un poco.
Ponle un cubito de caldo que queda más rico.
Te vas a hacer tus cosas y vuelves a los 13 minutos.
Compruebas que todo marche como debería y le agregas una bolsita chica de esos congelados que traen un picadillo de zanahoria, choclo, porotos verdes y arvejas. (En esta parte le va a dar un ataque a más de alguien. Bueno en qué quedamos, son amantes de la tecnología o no son amantes de la tecnología... ¡los congelados son tecnología!)
En los 7 minutos siguientes, agarras la tabla y cortas un trozo de carne blanda (lomo, posta) en pedacitos -lo ideal es que sean del mismo tamaño- y los dejas aparte.
Repites el procedimiento con un cebollín -con la parte verde y la parte blanca- y unos dientes de ajo al gusto tuyo.
Si no alcanzas a hacer todo en 7 minutos, entonces las cosas que te fuiste a hacer en los 13 minutos anteriores vas a tener que hacerlas más rápido.
Fríes todo.
O sofríes...
Rehogas...
¿Usan "rehogar" allá?... ¿y "escanciar"?... ¿"piscolabis"?...
Bueno, volvamos que se quema.
Mientras eso se fríe, sofríe o rehoga, muele con un tenedor los trozos de papa y zapallo que estaban en la olla.
La idea es que quede un poco molido y un poco entero. Ojo que no es puré.
También es importante que no quede muy aguachento ni muy atorador.
Cuidado en esta parte porque hace brup-brup-brup y quema.
Aliños, ponle aliños a discreción.
Yo le pongo una cosa que venden acá que se llama "aliño completo".
Nunca me he preocupado de averiguar qué trae el aliño completo.
Es como con los árboles genealógicos. Si uno está viviendo lo más bien, para qué va a andar averiguando cosas que capaz no le gustan.
También le pongo orégano. Pero eso ya es una fijación mía porque yo le pongo orégano hasta al café con leche.
No, no,no, estoy exagerando. Hipérbole se llama eso.
Ah, y merkén, si tengo le pongo merkén.
O merquén; hay discrepancias en torno a la escritura del mapudungún.
A continuación, agregas la carne-cebollín-ajo y revuelves todo.
Pruébalo a ver cómo anda de sal. Porque el cubito de caldo ya tenía sal.
Finalmente, verde que te quiero verde.
Aquí detengámonos un instante.
Yo sé que ustedes sienten cierto... hmmmmm... cómo decirlo... cierto... desapego, cierta desafección por el cilantro... y está bien, allá ustedes; ha habido guerras del opio, de los tulipanes, no vamos a iniciar un enfrentamiento bélico por el cilantro, aprendamos alguna vez. Póngale perejil y tan amigos.
¿Y eso es todo?
Eso es todo si te conformas con poco.
Ponle un huevo frito arriba. O al lado, no sé, donde te parezca mejor. Es comida, no decoración de interiores.
Y si no, en lugar de huevo, acompáñalo con unas cebollitas en escabeche.
Eso si no vas a pololear en la tarde, claro.
¿Qué...?
¿Fofo?
Ah, no... FOTO.
No, foto no hay.
Con lo mal que han tratado al Mono de los Consejos no pretenderán que someta a mi comida al escarnio público.
¿Eh?
Tinto, obvio.
Hoy habrá charquicán.
Porque es sano.
Al final tienes que tirar cáscaras a la basura y eso es garantía de que la comida que preparaste es sana. (Uuuuh, tengo la ligera impresión de que esto no se me ocurrió a mí.) (Bueno, siempre tengo esa impresión. Cualquier cosa, después arreglamos.)
Pones papas (peladas, lavadas y todo eso; no perdamos tiempo en detalles, esto es para hoy) y zapallo en una olla con agua.
No mucha. Lo suficiente como para que a los 20 minutos de cocción todavía quede un poco.
Ponle un cubito de caldo que queda más rico.
Te vas a hacer tus cosas y vuelves a los 13 minutos.
Compruebas que todo marche como debería y le agregas una bolsita chica de esos congelados que traen un picadillo de zanahoria, choclo, porotos verdes y arvejas. (En esta parte le va a dar un ataque a más de alguien. Bueno en qué quedamos, son amantes de la tecnología o no son amantes de la tecnología... ¡los congelados son tecnología!)
En los 7 minutos siguientes, agarras la tabla y cortas un trozo de carne blanda (lomo, posta) en pedacitos -lo ideal es que sean del mismo tamaño- y los dejas aparte.
Repites el procedimiento con un cebollín -con la parte verde y la parte blanca- y unos dientes de ajo al gusto tuyo.
Si no alcanzas a hacer todo en 7 minutos, entonces las cosas que te fuiste a hacer en los 13 minutos anteriores vas a tener que hacerlas más rápido.
Fríes todo.
O sofríes...
Rehogas...
¿Usan "rehogar" allá?... ¿y "escanciar"?... ¿"piscolabis"?...
Bueno, volvamos que se quema.
Mientras eso se fríe, sofríe o rehoga, muele con un tenedor los trozos de papa y zapallo que estaban en la olla.
La idea es que quede un poco molido y un poco entero. Ojo que no es puré.
También es importante que no quede muy aguachento ni muy atorador.
Cuidado en esta parte porque hace brup-brup-brup y quema.
Aliños, ponle aliños a discreción.
Yo le pongo una cosa que venden acá que se llama "aliño completo".
Nunca me he preocupado de averiguar qué trae el aliño completo.
Es como con los árboles genealógicos. Si uno está viviendo lo más bien, para qué va a andar averiguando cosas que capaz no le gustan.
También le pongo orégano. Pero eso ya es una fijación mía porque yo le pongo orégano hasta al café con leche.
No, no,no, estoy exagerando. Hipérbole se llama eso.
Ah, y merkén, si tengo le pongo merkén.
O merquén; hay discrepancias en torno a la escritura del mapudungún.
A continuación, agregas la carne-cebollín-ajo y revuelves todo.
Pruébalo a ver cómo anda de sal. Porque el cubito de caldo ya tenía sal.
Finalmente, verde que te quiero verde.
Aquí detengámonos un instante.
Yo sé que ustedes sienten cierto... hmmmmm... cómo decirlo... cierto... desapego, cierta desafección por el cilantro... y está bien, allá ustedes; ha habido guerras del opio, de los tulipanes, no vamos a iniciar un enfrentamiento bélico por el cilantro, aprendamos alguna vez. Póngale perejil y tan amigos.
¿Y eso es todo?
Eso es todo si te conformas con poco.
Ponle un huevo frito arriba. O al lado, no sé, donde te parezca mejor. Es comida, no decoración de interiores.
Y si no, en lugar de huevo, acompáñalo con unas cebollitas en escabeche.
Eso si no vas a pololear en la tarde, claro.
¿Qué...?
¿Fofo?
Ah, no... FOTO.
No, foto no hay.
Con lo mal que han tratado al Mono de los Consejos no pretenderán que someta a mi comida al escarnio público.
¿Eh?
Tinto, obvio.
martes, 13 de octubre de 2009
Si la vida te da limones, del cielo te caen los clavos
"Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero"...
Muy lindo, ¿pero sabes lo que no te dice Antonio Machado en ninguna parte? Que cuando tienes un limonero llega el momento en que la producción cítrica supera el consumo doméstico.
¿Y entonces qué haces?
Al principio le regalas limones a los vecinos. Después a la parentela, a las amistades, a las amistades de tus amistades, a la gente que pasa pidiendo por tu casa -que te pone cara de que no es lo que esperaban-, en fin, al que se te cruce; pero con esta generosa actitud uno corre el riesgo de pasar a la historia como La Loca de los Limones. O que en unos años los hijos de los hijos de mis primos estén mirando fotos viejas y pregunten "¿y esta señora quién es?", y en lugar de recordar mis atributos físicos, morales e intelectuales les digan "una tía que nos traía limones". O que los vecinos me vean y se les haga agua la boca.
Lo otro que también puedes hacer es instaurar en tu casa la Ley Mojada; o sea, dedicarte a la fabricación y consumo de pisco sour, caipiriña y margarita hasta que te dé hipo. Pero no hay hígado que resista.
La verdad, no es la idea.
Pero tranquilos, ya está solucionado: inventé el "Limón en Cubitos"[patente en trámite].
El asunto es bastante simple. Agarras los limones -a medida que van cayendo del árbol; tampoco vamos a andar estresándonos-, los exprimes, pasas el jugo por un colador, lo pones en la cubetera, lo congelas, sacas los cubitos, los pones en una bolsa o en un táper, los dejas en el freezer y listo.
Sí, hay que trabajar un poco, ¡pero después esos cubitos te van a cambiar la vida, papaaaaá!
Mira, pongámosle que te resfrías.
Estás ahí tirado en cama, botado como un perro, la partecita de abajo de la nariz rota de tanto sonarte, la cabeza a punto de estallar, las lágrimas resbalan por tus mejillas -no tanto por tu lamentable estado, sino porque es de los resfríos llorados- y no hay ni un alma caritativa que te prepare una limonada caliente. Pero... ¡arriba ese ánimo, flaco!, ¡eres un ser excepcional, único, irrepetible y además previsor!: agarras unos cubitos, los pones en una taza, agregas agua hirviendo, azúcar o miel según sea tu cariño, ¡y ya! Limonada caliente casi instantánea, sin preservantes ni colorantes artificiales. ¡Vas a andar buscando resfriarte, te lo digo yo!
Ah, ¿eres un ser excepcional, único, irrepetible, previsor y con una salud de hierro? Bueno, bueno, albricias; pero seguro que tu vida sexual anda como las pelotas.
Aunque te cortarías los genitales antes de reconocerlo, no vengas con que no.
¡Pero ese asunto pronto será cosa del pasado, perrín!
Mira, es muy simple, para el invierno te compras un calientacama.
¿Y para el verano?
¡Aaaaaaah! ¡Ahahaaaaá! ¡Qué bueno que lo preguntas! Para el verano tenemos nada más ni nada menos que el "Limón en Cubitos"[patente en trámite]. Entonces, en esos días en que hay como 45 grados a la sombra, en esos días en que la tropa anda con la moral baja, en esos días en que ya sabes a lo que me refiero y que no son esos días, sino esos otros días, en esos... uuuuuh... ella anhelante yaciendo a tu lado, cubitos de limón deslizándose suavemente por su piel tersa y sudorosa -que además de erótico y refrescante resulta que el limón es astringente, así que te lo va a agradecer. Negocio redondo por donde se le mire, loco- y... y... y... y bueno, me han contado que si le agregas tequila te queda una margarita espectacular.
A continuación algunas imágenes del proceso de fabricación de "Limón en Cubitos"[patente en trámite].
Éstos no tienen i-d-e-a de la que se les viene.
Acá podemos observar el jugo recién exprimido -100% natural, sin preservantes ni colorantes artificiales- listo para pasar a Fase 2 o Animación Suspendida.Ahora si usted, señora, señor, necesita "Limón en Cubitos" [patente en trámite] en forma urgente o no tiene paciencia para plantar un limonero y sentarse a esperar, llame ya a nuestras operadoras.
Y si lo hace dentro de la próxima media hora, recibirá además un video gastronómico completamente GRATIS.
jueves, 17 de septiembre de 2009
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