sábado, 6 de marzo de 2010

Se recibe lavado ajeno



Me prometí dejar de sorprenderme con estas cosas, pero me fallé.
No me prometí no subirlas al blog, así que ahí como que recupero un poco la confianza en mí misma, tomo aire y paso a compartir mis impresiones.
Lo que me asombra -al punto de hacerme olvidar mis promesas; ya, ya no le echen más leña al fuego- es el impresionante y descarado lavado de imagen que realizan las empresas cuando enarbolan la bandera de la solidaridad. Si yo fuera una blasfema de porquería, hasta podría pensar que hay gente que le tira un billete a Dios con tal de que haya catástrofes.
(Pero no, no creo.
Un dios corrupto es más de lo que podría soportar.
Sería como volver a la Antigüedad Clásica.
Y ya sabemos cómo terminó el Imperio Romano.
Bueno, lo sabemos más o menos; tampoco nos la vamos a dar de intelectuales.
Yo lo que sé, lo vi en la serie que mencioné a la pasada el otro día.)
Y Chile es fértil provincia en materia de catástrofes.
Justo ahora nos estamos irguiendo, levantando -a propósito, ¿Viagra mandaron?... no porque estaría bueno; hay que repoblar el territorio y con tanta réplica cuesta concentrarse; una ayudita andaría bien- de un terremoto que nos puso en el mapa y consiguió que este blog tuviera 30 comentarios por primera vez en la vida.
(Y última, espero.
Al final es cierto que dan mucho trabajo los comentarios.
Para empezar, hay que leerlos.
Ahora te entiendo, flaco; pensé que eran exageraciones tuyas.
Es muy loco todo. Puse foto hasta de mis calzones para que comentaran, y nada; pero bastó un terremoto 8.8 y un link, y vienen, y me dan su apoyo, y me emocionan y esas cosas, pero pasó el terremoto, ¡y no volvieron más!. La verdad no los entiendo. Parece que son de esa gente que se junta para los velorios nomás. Y todavía nadie me dice para qué hace uno esto de los blogs.)
Y bueno, estábamos en eso -recogiendo cosas que se cayeron, recibiendo a la Hillary Clinton, echándonos la culpa unos a otros, que la Armada, que la ONEMI, que tienen que rodar cabezas, que bueno ya, pero primero mandemos agua al sur, que sí pero están los caminos cortados, que mándalos por aire, so pedazo de pelotudo, que qué me va a hacer caso a mí la FACH si a la presidenta la tuvieron esperando como 6 horas por un helicóptero, que bah, ¿le estarán guardando el combustible a Piñera?, y todo eso- cuando los medios, los vilipendiados medios dijeron "oye, ¿y si hacemos una campaña", "bueno", se contestaron, y desde anoche estamos con todos los canales transmitiendo una tele-maratón con el objetivo de juntar 15 mil millones de pesos. Que no pienso hacer el cálculo en moneda extranjera, pero por si te interesa el dólar está como a $540.
"Chile ayuda a Chile", se llama (desde los aluviones del 80 y tantos que sobrevive el nombre).
Aunque uno tenga una piedra en lugar de corazón, es imposible sustraerse a este tipo de campañas.
En mi caso particular, porque mi vecina pone la tele bien fuerte y grita y aplaude y se junta la familia y toman y comen y, y, y... y en qué estuve que no le pegué el par de sopapos la noche del terremoto.
Así que a ratos prendo la tele para no quedar tan colgada cuando después comenten.
Y ahí me asombro con los rostros, las figuras ancla, los viejos cracks y el ceremonial de las empresas que con entregar unos milloncejos -equivalentes a una campaña publicitaria, o menos, creo yo- consiguen que nadie se acuerde de que el resto del año nos enferman, dañan a nuestros niños, nos estafan, incurren en prácticas monopólicas y todo ese rosario de iniquidades. En fin, supongo que no hay otra manera de reconstruir.
Aunque yo no sé si oí o soñé que había una sola manera de hacer las cosas: la correcta.

jueves, 4 de marzo de 2010

Me encantaría

Hay gente a quien le encanta hacer cosas y otra a quien le gustaría ser gato de chalet.
Los que nacimos en la especie -y el hábitat- equivocado, debemos batallar día a día con nuestra naturaleza -que tiende a la inacción- para poder llevarnos más o menos bien (nunca se consigue algo mejor que eso) con los que hacen cosas: los gestores.
Los gestores suelen pensar que los gatos de chalet son flojos; los gatos de chalet pensamos que hay algo turbio en el comportamiento de los gestores: alguna voz interior quieren acallar con tanta acción y tanto proyecto.
Es así como cada día resulta ser un verdadero calvario para los gatos de chalet. Desde que abrimos los ojos cada mañana -y ya abrirlos es un trabajo- debemos enfrentarnos a la fatigosa tarea de hacer cosas para que los gestores no acaben encerrándonos en un lugar donde nos practiquen electroshocks o lobotomías (si sólo nos encerraran en una habitación acolchada, no estaría nada mal; eso ellos lo saben), y es un verdadero calvario (esto ya lo dije).
Levantarse, preparar el desayuno, ducharse (¡encima nos obligan a "oler bien"!), ir a trabajar (¡trabajar!), tener proyectos, llevarlos a cabo, y así; suma y sigue.
Con el tiempo uno acaba acostumbrándose.
No, mentira; nunca nos acostumbramos; es sólo que hacer todo a regañadientes es más trabajoso todavía.
Entonces que no te induzca a error el ver a un gato de chalet cantando mientras cocina, o silbando mientras conduce su automóvil. No es que lo disfrute realmente (aunque a veces la ilusión es tal, que hasta él o ella cree que es así), es una táctica de supervivencia.
Hasta ahí vamos más o menos bien. Logramos, se podría decir, ser un tanto aceptados socialmente. Pero hay situaciones en que la ilusión se rompe y nuestra verdadera naturaleza -ésa que se ha mantenido agazapada cual felino, obvio- se manifiesta arqueando el lomo, erizando los pelos, lanzando manotaz... no, no, no; mucho trabajo; me cansé de sólo imaginarlo: se manifiesta con un maullido destemplado, nada más.
Por ejemplo, un gato de chalet cocina, y cocina rico (cosa que a los gestores les revienta, porque como siempre andan haciendo muchas cosas, a veces se les quema el arroz, se les pegan los fideos -algunos inventan triquiñuelas como agregar aceite al agua, pero están mal-, o no tienen paciencia para esperar que la mermelada dé punto), sirve la mesa, come, conversa, sonríe, cuenta anécdotas interesantes (porque, a diferencia de los gestores, nosotros no "hacemos" cosas; a nosotros nos "pasan" cosas), retira los platos, los lleva a la cocina, los lava... y hasta ahí nomás llegamos. La presencia de ánimo se nos agota antes de secarlos y guardarlos ordenadamente en la alacena. Se quedan a un costado del lavaplatos hasta que hay que ocuparlos otra vez, y la cocina nunca está -a los ojos de un gestor- totalmente ordenada. Asunto que cobra particular importancia cuando la suegra de uno es gestora. O la mamá. O la cuñada. O la esposa. O la vecina de la esquina, que tiene la casa tan impecable que ya ni voy a verla; porque cuando iba, al volver a la mía me venía como depresión.
Lo mismo ocurre cuando cortamos el pasto del jardín; recogerlo y meterlo en bolsas es un suplicio. Y es complicado conseguir que los basureros se lo lleven si no está debidamente empaquetado.
O cuando planchamos la ropa.
O sea, ya la lavamos (o colaboramos con el lavarropa poniéndola dentro, echando detergente y todo eso), la planchamos, la apilamos en montoncitos... y nunca nos alcanza como para distribuir los montoncitos en cada cajón y en cada parte del clóset. Y ahí se quedan los montoncitos. Hasta que empiezan a arrugarse, los tontos, arruinando todo el esfuerzo que uno hizo.
Y aquí es donde quería llegar.
Quiero algo.
Por primera vez en mucho mucho mucho tiempo, quiero algo.
Tanto, que ya hasta empezaba a preocuparme.
No fuera que hubiese alcanzado una especie de estado zen, o algo así.
¿Mi vecina me mostró el auto que para Navidad le regaló el marido?
Bostezo.
¿Una amiga me invita al mall en temporada de liquidaciones?
Uy, no puedo.
¿Se rompen cosas en la casa y hay que reponerlas?
Ajá. Menos cosas que limpiar.
Etcétera.
Y lo que quiero me pone muy contenta ya con el sólo hecho de quererlo, porque demuestra que soy humana y no el bicho raro que algunos piensan; y además me haría la vida más fácil; no como un auto o un celular, que te dan puros problemas, y que pienso que la gente los tiene única y exclusivamente para poder quejarse de ellos en sus blogs.
En fin, lo que quiero tener -y que si saben dónde se puede comprar, les agradecería me contaran- es esa máquina que, cada vez que termina un mes, sin que nadie se lo pida, así de motu proprio habría dicho mi profesor de latín, te agarra todas las entradas que publicaste en el blog el mes anterior y te las archiva en el lugar que corresponde.
A ver si me puede dar una manito con los platos, el pasto y la ropa planchada.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Lo material se recupera

No, no, si estoy bien... en serio.
Con un estrés post traumático que me incita a publicar compulsivamente y a comentar lo que me pongan por delante, pero estoy bien.

Ahora, si quieren ayudar...

http://sp.rian.ru/onlinenews/20100303/125323337.html




Actualización:
A ver, un momento... yo siempre he funcionado así; o sea, no entiendo.
Parece que el estrés post traumático me está haciendo trampa.

Porque algo tengo que tener, no me digan que no.


Campaña A Favor De La Autocensura

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEg9XYgko7UsAupEueengkgXhCN8o33NPPBPIHvLQnPQj9KpjDG8FWyTZuwT630UiQkoTccBUvjJICVDj3t305QmLKeZMMTjfE_YDMqT-5MYis9gyCbWLDNXNXR2Ln8fQQiHYijho6jLWdw/s1600-h/gadgets_01.jpg

Razonamiento lógico

Chile.
Madrugada del 27 de febrero de 2010.
Terremoto grado 8.8, Escala de Richter.
Algunos edificios de reciente construcción sufren daños irreparables y otros resisten perfectamente.
¿Por qué?












- Oye, güeón, ¿no serán muy delgados estos fierritos?
- ¡Tsk!, dale nomás. No preguntís güevás. Están bien así.
- ¿Y si hay un terremoto grado 8.8, pongámosle?
- ¡Jajaja! Tai puro güeveando. Mire que va a haber un terremoto tan heavy... Además si hay uno, acá no queda ni una güevá en pie, así que pasamos piola.




martes, 2 de marzo de 2010

Péinate que llegaron las visitas

Ah, no. Esto es lo mismo que cuando uno acaba de parir y pasa todo el tiempo dándole papa a la guagua, sacándole chanchitos y mudándola, y la casa está hecha un despelote y uno ni se ha duchado y anda con unas ojeras como para peinárselas detrás de la oreja; entonces, precisamente entonces, justo llegan las visitas con los regalos. Y hay que hacerles los honores que dicta el protocolo y partir a la cocina a preparar unos sánguches de lo que haya. Aparte de poner buena cara cuando uno acaba de pasar por semejante trance.
Resulta que no contentos con mandar cosas, ahora vienen Hillary Clinton y Alan García y se les ocurre traerlas personalmente. Lo único que falta es que después salgan pelando porque no los atendieron bien y la guagua era fea.
Por qué no mandan los regalos y vienen otro día, digo yo.

lunes, 1 de marzo de 2010

¡Primeras medidas después de la catástrofe!

Mientras el gobierno debate si hay que aceptar la ayuda que nos están ofreciendo (si no, pecamos de soberbios; si sí, aaaaaahhh, entonces tan tan desarrollados no éramos, ¿viste cómo es la gente?), los medios empiezan a pensar si ya será hora de reflotar el "Chile ayuda a Chile", y la gente no sabe si ajusticiar por su propia mano en la plaza pública a los saqueadores o sumarse a ellos y agenciarse un plasma, en mi casa hicimos una reunión de emergencia y tras breve conciliábulo -porque yo tenía que ir a una reunión de trabajo y mi hija quería seguir durmiendo- hemos llegado a las siguientes conclusiones:

1. De ahora en adelante evitaremos a toda costa comprar cosas que se quiebren. Esta medida se llamará Ley del Cenicero, y se funda en que yo antes compraba de esos ceniceros de vidrio, bien mononos, pero que tenían el inconveniente de que se rompían. Cansada de esta situación, un buen día compré un cenicero de acero inoxidable y santo remedio. No es muy lindo que digamos, pero cuando realicen mi ritual funerario, sin duda el cenicero estará entre los objetos que me acompañen al más allá.

2. Propuse que en vez de vasos de vidrio usáramos cachos de toro, de ésos que usan los huasos del Club Gil Letelier para hacer el brindis con chicha que da inicio a la Parada Militar en Fiestas Patrias, pero mi hija vetó la medida porque podríamos tener a Greenpeace echándonos la puerta abajo cualquier día de estos. A renglón seguido, dijo que mejor hiciéramos como los vikingos y usáramos cráneos. No tenemos muchos enemigos, pero tampoco necesitamos tantos vasos, así que fue aprobada la moción. A falta de otra mejor.

Yo sabía que nada bueno iba salir de tanta polera negra y esas bandas que escucha.