sábado, 31 de octubre de 2009

¡Monstrua!



Monstera...
Monstruo...
Halloween... ¿Se entiende?
No, no da monedas. Era para que vieran la proporción.
No, no. No se ha comido a nadie.
No que yo sepa.
Tampoco. No brilla de noche.
(Pausa algo incómoda)
OK. Sigan en lo que estaban.

viernes, 30 de octubre de 2009

Como trote de vaca

Ya que andamos por la cocina, aprovecho para presentarles a Clarisa.


Clarisa es la compañía ideal para esas mañanas plácidas en que no hacen falta palabras.
Básicamente porque no habla.
Y si escucha, debe ser más o menos no más porque hace un tiempo se le salió una orejita y se la pegué con neoprén.
Habría quedado mejor con La Gotita, pero no tenía.
O sea, sí tenía, pero la primera vez que ocupé el pomito hubo un problema.
No, no, en realidad llamarlo "problema" es mucho.
Hubo un, eeeeeh, un inconveniente, una contrariedad; nada importante, no vale la pena aburrirlos con eso. No sé ni para qué lo mencioné. Sigamos con Clarisa.
Les estaba contando que Clarisa es una excelente compañía para mañanas plácidas.
Pero, atención, no se engañen. Bajo ese aspecto frágil y bonachón...


Hay una vaca con huevos.




De Aurorita les cuento otro día.


Bien, eso era todo.

Que tengan un buen fin de semana.





Está haciendo calor, ¿no?

Uf, y esto todavía ni empieza.

Qué quedará para enero, digo yo.


Bueh...

(Intenta silbar Frere Jacques, pero desiste.)

Ya, chao entonces.

Ah, si saben cómo despegar algo que está pegado con La Gotita -cualquier cosa; un florero, un espejo, la tapita de un pomito al pomito, una retroexcavadora; cualquier cosa- me cuentan.

¡Pesadilla!


miércoles, 28 de octubre de 2009

¡A comeeeeeeer!

Charquicán.
Hoy habrá charquicán.
Porque es sano.
Al final tienes que tirar cáscaras a la basura y eso es garantía de que la comida que preparaste es sana. (Uuuuh, tengo la ligera impresión de que esto no se me ocurrió a mí.) (Bueno, siempre tengo esa impresión. Cualquier cosa, después arreglamos.)

Pones papas (peladas, lavadas y todo eso; no perdamos tiempo en detalles, esto es para hoy) y zapallo en una olla con agua.
No mucha. Lo suficiente como para que a los 20 minutos de cocción todavía quede un poco.
Ponle un cubito de caldo que queda más rico.
Te vas a hacer tus cosas y vuelves a los 13 minutos.
Compruebas que todo marche como debería y le agregas una bolsita chica de esos congelados que traen un picadillo de zanahoria, choclo, porotos verdes y arvejas. (En esta parte le va a dar un ataque a más de alguien. Bueno en qué quedamos, son amantes de la tecnología o no son amantes de la tecnología... ¡los congelados son tecnología!)
En los 7 minutos siguientes, agarras la tabla y cortas un trozo de carne blanda (lomo, posta) en pedacitos -lo ideal es que sean del mismo tamaño- y los dejas aparte.
Repites el procedimiento con un cebollín -con la parte verde y la parte blanca- y unos dientes de ajo al gusto tuyo.
Si no alcanzas a hacer todo en 7 minutos, entonces las cosas que te fuiste a hacer en los 13 minutos anteriores vas a tener que hacerlas más rápido.
Fríes todo.
O sofríes...
Rehogas...
¿Usan "rehogar" allá?... ¿y "escanciar"?... ¿"piscolabis"?...
Bueno, volvamos que se quema.
Mientras eso se fríe, sofríe o rehoga, muele con un tenedor los trozos de papa y zapallo que estaban en la olla.
La idea es que quede un poco molido y un poco entero. Ojo que no es puré.
También es importante que no quede muy aguachento ni muy atorador.
Cuidado en esta parte porque hace brup-brup-brup y quema.
Aliños, ponle aliños a discreción.
Yo le pongo una cosa que venden acá que se llama "aliño completo".
Nunca me he preocupado de averiguar qué trae el aliño completo.
Es como con los árboles genealógicos. Si uno está viviendo lo más bien, para qué va a andar averiguando cosas que capaz no le gustan.
También le pongo orégano. Pero eso ya es una fijación mía porque yo le pongo orégano hasta al café con leche.
No, no,no, estoy exagerando. Hipérbole se llama eso.
Ah, y merkén, si tengo le pongo merkén.
O merquén; hay discrepancias en torno a la escritura del mapudungún.
A continuación, agregas la carne-cebollín-ajo y revuelves todo.
Pruébalo a ver cómo anda de sal. Porque el cubito de caldo ya tenía sal.
Finalmente, verde que te quiero verde.
Aquí detengámonos un instante.
Yo sé que ustedes sienten cierto... hmmmmm... cómo decirlo... cierto... desapego, cierta desafección por el cilantro... y está bien, allá ustedes; ha habido guerras del opio, de los tulipanes, no vamos a iniciar un enfrentamiento bélico por el cilantro, aprendamos alguna vez. Póngale perejil y tan amigos.

¿Y eso es todo?

Eso es todo si te conformas con poco.
Ponle un huevo frito arriba. O al lado, no sé, donde te parezca mejor. Es comida, no decoración de interiores.
Y si no, en lugar de huevo, acompáñalo con unas cebollitas en escabeche.
Eso si no vas a pololear en la tarde, claro.


¿Qué...?

¿Fofo?

Ah, no... FOTO.
No, foto no hay.

Con lo mal que han tratado al Mono de los Consejos no pretenderán que someta a mi comida al escarnio público.



¿Eh?

Tinto, obvio.

martes, 27 de octubre de 2009

En el vale todo, en el amor y en la guerra, todo vale

Según parece, tendremos que actualizar el listado e incluir también al turismo.

http://www.publico.es/internacional/264118/meteorito/letonia/broma/falso




Y ya que estamos en el tema, seamos francos. Ustedes saben que si hay alguien en el mundo que quiera a los porteños, ésa soy yo, pero Caminito, Caminito... ayayay, Caminito... digámoslo de una buena vez: Caminito es una estafa.

Pero con la misma sinceridad a rajatabla estoy en condiciones de gritar a los cuatro vientos (céfiro, mistral, raco, puelche, simún, siroco, alisio, contraalisio, pampero, chinook, lebeche, foehn, khamsim, harmattan, aquilón... no, son más), estoy en condiciones de gritar a la tracalada de vientos que basta alejarse un poco de Caminito para encontrar un caminito de verdad.





Y a la vuelta del caminito de verdad te puedes encontrar a dos señores conversando animadamente en la calle. Tú, muy educada, dirás "permiso" antes de pasar entre ellos, y uno, galán ante todo, te preguntará "y a mí, ¿no me va a tomar una foto?". Entonces tú alzarás la mirada y dirás resueltamente "no", dejándolo patidifuso. Y antes de que alcance a acomodar la pelota -porque están cerca de La Bombonera-, rematarás con "pero si su amigo está de acuerdo, podría tomarnos una a los dos..." Ahí el señor sonreirá, se acomodará a tu lado, le pasarás la Zenit del siglo pasado al amigo, te colgarás del brazo del señor como si de eso dependiera que nunca haya guerra entre Chile y Argentina y... ¡click!

Salgo medio fruncida por culpa de los nervios.
Parezco muy canchera pero es una ilusión óptica, nomás. En realidad soy bastante tímida.





Ah, si bien es cierto no era un día de sol particularmente enceguecedor -es más, creo recordar que la tarde iba muriendo... no sé, quizás algún entendido en interpretación de luz nos pudiera ayudar...-, notarán que el señor no se sacó los lentes. Cosa que agradezco. Qué tal si en nau de sáes era Eliseo "Ñato" Melandri...



http://weblogs.clarin.com/podeti/archives/101792.php








Después volví a Chile. Sin ningún contratiempo, afortunadamente.


Pero durante todo el camino me vine con la sensación de que se me había quedado algo.
Sensación que se mantuvo incluso después de deshacer las maletas y comprobar que no, que estaba todo, y que me acompañó durante una semana, sumiéndome en una honda melancolía.








Es fregado el jet lag.

lunes, 26 de octubre de 2009

Y, sí... alcanzame la peluca

http://www.youtube.com/watch?v=tvQioEd6_vE

¿Y si la entrada al Cielo cuesta $500?

En la época en que yo era una persona útil a la sociedad y daba clases en un centro de formación técnica, con los alumnos solíamos hablar de diferentes temas que no estaban en el programa, pero dada la índole de la asignatura no nos apartábamos tanto del objetivo final.

Normalmente -y en la mayoría de los cursos- el primer tema que salía era la política. Mi interés: que terminaran con eso de "yo no me meto en política". La respuesta de ellos: "los políticos son todos corruptos".

A continuación me enumeraban célebres casos, de diferente envergadura y más o menos recientes, de políticos atrapados con las manos en la pasta.
Yo contribuía a incrementar la lista con algunos más antiguos, porque de algo tiene que servirle a uno el tener más años.
Hasta ahí estábamos todos de acuerdo.

Pero después venía lo bueno.

Esa parte me la voy a saltar para no dar la lata, pero digamos que básicamente los conducía hasta el borde del abismo: descubrir que, en situación semejante, actuaríamos si no de manera idéntica, tampoco mucho mejor que los políticos.

Es complicada la ética.
No hay cintura ni juego de piernas que lo pongan a uno a salvo.

De plata -millones recibidos de un empresario o quedarse con un vuelto- podemos hablar otro día. Lo importante, como dice la gente ligada al mundo de la moda, es la actitud.




Ayer fui a la feria.
Una de frutas y verduras, no de ésas en que muestran juguetes tecnológicos para adultos ni autos para multimillonarios.
O sea, una feria en la que saco algo en limpio.
En mi modesta opinión.

Y ahí, comprando un brócoli, se me abalanzó el dilema.
Dilema de poca monta, es verdad; pero no hay Ética Grande y ética chica.
La situación fue la habitual: me acerqué a un puesto porque quería llevar a mi casa un brócoli y pagar $300 por uno me parecía adecuado.

Pero faltan datos. Esta situación está muy desnuda. Faltan agravantes o atenuantes.

Veamos la escena cuadro a cuadro:
Me acerco al puesto, saludo, pido un brócoli, la dueña del puesto (alguien podrá objetar que tal vez no era la dueña, sino una encargada, o una empleada. No, insisto; en las ferias uno sabe quién es quién) lo pone en una bolsa y le pide a -atención que esto es importante- otra mujer que había pasado a visitarla (hey, qué pasa... no hay que ser Adrian Monk para darse cuenta de esas cosas) que reciba el dinero. Le pago con una moneda de $500, estiro el brazo para recibir el vuelto y ahí, ahí, ahí, en ese preciso momento, cuando el dinero aún no llega a mi mano, me doy cuenta que viene una moneda de $500 y al menos una moneda de $100. Probablemente dos. Porque me estaría dando el vuelto como si yo hubiera pagado con un billete de $1.000.

¿Qué hacer en ese caso?
Lo correcto, obvio.
No aceptar el dinero que no es mío.

Y desacreditar a la amiga ante la dueña. Empañando de paso una amistad de décadas.

¿O qué tal si yo simplemente estaba siendo un instrumento de la venganza de la amiga, quien con la mejor de las intenciones pasó a visitar a la dueña y, en un abuso de confianza, fue puesta a trabajar por esta última?



¿Que qué hice?

Les clavo la duda.

Como diría Arjona.