Anoche venía llegando a las 5 de la mañana -no salgo nunca, pero cuando lo hago como que me cuesta volver; no sé, debe ser la poca costumbre-, y a la distancia vi una fila de autos frente a mi casa.
Yo, siempre pensando bien de la gente y dialogadora conmigo misma, me dije "claro, otra vez hicieron fiestoca y me llenaron de autos la entrada. Ahora ¿cómo diablos voy a entrar?" (ustedes no lo saben, y los que instalan un auto frente a mi casa la mayoría de las veces tampoco, pero mi puerta abre hacia afuera; y vivo en una parte donde no hay calle y acera; o sea, calle hay, lo que no hay es acera; ni un mínimo de sentido común que... no, paremos, que me estoy yendo por los cerros de Úbeda). Y mientras me acercaba, fui sopesando diversas soluciones alternativas, y elaborando un ranking que dejaba en el tope a aquéllas que infligieran el menor daño posible en mi imagen corporativa, porque si hay algo que me preocupa es el "qué dirán".
Pero no era eso.
Era mi vecina Florencia.
Murió.
Nunca antes conocí a alguien que le hiciera la vida tan jodida, y durante tanto tiempo, al cáncer que tenía dentro.
domingo 7 de febrero de 2010
jueves 4 de febrero de 2010
domingo 31 de enero de 2010
Perigeo
Ah, casi lo olvido: por si no tienen plata para otra cosa y quieren regalarle la Luna a alguien, o si quieren clavarle un cohete en un ojo (a la Luna) (...aunque también se podría practicar la sublimación, por qué no), el viernes fue el momento en que estuvo más cerca de la Tierra.
Bueno, si se apuran todavía alcanzan.
Bueno, si se apuran todavía alcanzan.
sábado 30 de enero de 2010
Tío Escafandra, tío Escafandra, ¿y si nos llevamos al tío Piñera?

Nota: Vaya mi eterno agradecimiento a todos los que hicieron posible esto; al Capo Máximo Jean Luc Courcoult, a todos los integrantes de Royal de Luxe -que sudaron la gota gorda vestidos de terciopelo con 33°C-, a quienes pusieron las lucas para que el Negocio del Asombro fuera gratis y, en particular, a todos los que tomaron las fotos que ornan las últimas cuatro entradas, y que no me van a entablar demanda ni nada porque eso empañaría la fiesta.
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Actualización:
(Atención: aleida-g)
Royal de Luxe es una compañía francesa que, para mi gusto, se caracteriza por:
1. Hacer espectáculos MARAVILLOSOS
2. Presentarlos en la calle
3. Y gratis
En Chile hemos tenido la fortuna de verlos varias veces.
En 1989 vinieron con la versión original de "Roman Photo"; el backstage, digamos, de la creación de una fotonovela.
Hmmmm, no.
Esa descripción es paupérrima.
Nada dice de la locura genial que es.
Ni de que los espectadores alucinan mirando los diferentes puntos de atención.
Ni del tremendo esfuerzo que hay que hacer para contener las carcajadas, porque si no, te pierdes algún detalle genial.
Ni de que aunque abras los ojos como platos siempre te quedan cosas sin ver. Entonces quieres ir otra vez.
Y no es cosa de llegar y pagar la entrada. No.
Hay que estar horas y horas y horas (6, por lo menos) al sol, a ver si, con suerte, puedes verlos. Pero con la certeza de que vale la pena cada minuto de espera.
Como para formarse una idea, pongo un video de la Gran Reineta (que es como la sucursal chilena de Royal de Luxe... porque me imagino que a estas alturas ya se habrán dado cuenta de que los chilenos somos los regalones de la compañía; y si se mide el amor por la cantidad de gente que un espectáculo de esta naturaleza congrega, nadie EN EL MUNDO - y eso que han andado por muchas partes... como Camerún... o Reykjavik- ama más a Royal de Luxe que nosotros) (Bueno, capaz que en Camerún o Reykjavik no hay tanta gente, y es por eso) con una versión de "Roman Photo".
En el año 2000 volvieron con "Pequeños cuentos negros, título provisorio".
De esto no voy contar nada.
Por si un día pueden verlo.
Y después me cuentan cómo se las arreglaron para llorar de ternura y reír a carcajadas. Simultáneamente.
Cuatro años después, volvieron con "¡Oferta!, dos espectáculos por el precio de uno".
Acá el problema mayor fue lograr verlos.
Y el Gran Cisma que se produjo -en los foros de opinión de carne y hueso que se armaron mientras se hacía la fila- entre los espectadores primerizos y los veteranos.
(Anécdota: YO, al año siguiente, conocí -un día, en la biblioteca del barrio. Cuando me contó, primero no le creí, pero después lo miré bien y sí, era él- al tipo que en una de las funciones se ganó los dos baldecitos de playa llenos de monedas de $100!!!)
Año 2007
Acá viene mi teoría: Cuando vieron que tanta gente se quedaba sin poder verlos, decidieron hacer algo para solucionarlo y, voilà!, nació La Pequeña Gigante. Una marioneta de seis metros que no sólo camina, toma helado, anda en monopatín, balancea a los niños en sus brazos, duerme en su "camita", baila, hace pis, se ducha, dueme siesta sentada en su "sillita" de playa, sino que además, ¡TE MIRA!
No, en serio.
Como en todas las relaciones, lo que mata son los detalles: cuando está durmiendo se escucha su respiración -y uno que otro ronquido, hay que decirlo- y se ve el movimiento de su pecho.
Los globos oculares se mueven dentro de las órbitas, por eso da la impresión de que te mira.
Ah, y cuando hace pis, todos los "liliputenses" de terciopelo rojo -que trabajan durísimo por ella-, púdicamente la rodean dándole la espalda.
Y después limpian sus zapatos.
Los de ella.
Encontré un video que no es ni tan corto ni muy largo y que además tiene la gracia de ir con la música de la banda que la acompaña a todas partes, Balayeurs du Désert.
Año 2010
Viernes, sábado y ayer
Tres, repito para que no se preste a confusión, tres millones de personas fueron los protagonistas, junto a la Pequeña Gigante y su tío Escafandra de una espectáculo asombroso que difícilmente vuelva a repetirse.
Bueno, hasta que vuelva Royal de Luxe.
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