domingo, 28 de octubre de 2012

Inscripción automática, voto voluntario: ¿el triunfo del ciudadano zen?

Abondono un instante mi hermetismo sobre un lecho de rosas en un lugar paradisíaco, solo para preguntarles, ¿qué tal si los que se soban las manos pensando que los casi cinco millones de nuevos votantes van a ser agua de sus molinos y no harina de otro costal se quedan con el molde hecho?, ¿qué tal si decidimos suspender un derecho a voto que costó a mis congéneres sangre, sudor y lágrimas -y que, dicho sea de paso, hemos ejercido eligiendo a dictadores homófobos- mientras no ganemos lo mismo que nuestros adorados tormentos y nuestros cabros chicos puedan ir al colegio del barrio porque todos van a ser lo mismo?, ¿qué tal si en vez de gastar plata en ir a optar entre un payaso y otra que no tiene dedos pa'l piano, total ya está todo cocinado y huele a una mezcla entre coliflor y repollitos de bruselas, mejor me quedo en mi casita?, ¿qué tal si, como todos los días bregamos por llegar a la hora a nuestros trabajos de mieda -porque todos tenemos unos trabajos de mierda, lo que pasa es que tú te resistes a aceptarlo... La cosa es así: ¿andai vendiendo alguna pomá'?... entonces tenís un trabajo de mierda; y a cantarle a tu abuela)-, hoy no vamos a ninguna parte y nos hacemos unos arrrumacos a la hora de la siesta que, no sé tú, pero yo encuentro que es la mejor hora?
¿Eh?

jueves, 16 de agosto de 2012

¡Se zanja la discusión que dividía a la humanidad!

¿Perro o gato?
Nunca más, señores.
Con ustedes... ¡el perro-gato!





domingo, 12 de agosto de 2012

¿Cuánto mide Jean Claude Van Damme?

La verdad, la verdad, no tengo idea; pero lo que sí te puedo asegurar es que la mejor escena de Jean Claude Van Damme es ésa de la película Infierno (a.k.a. Inferno, a.k.a. Van Damme's Inferno, a.k.a. Desert Heat) en la que, refiriéndose al personaje encarnado por Pat Morita,


el personaje encarnado por Van Damme le pregunta al personaje encarnado por Bill Erwin


por qué aquél dice las cosas dos veces, y éste le contesta "No lo sé... No lo sé..."
Cabe la posibilidad de que así, contada, la escena pierda toda la gracia, pero qué se yo, todo no se puede en esta vida.

Otra gracia de la película -y con esto ya estaríamos terminando- es que, por la misma plata, además de los dos próceres cuya imagen aparece más arriba, también te ponen a Danny Trejo


Larry Drake


Y Vincent Schiavelli


Y, estarás de acuerdo conmigo, eso es mucho mucho mucho mucho más de lo que te gustaría que te pusieran de una sola vez.




jueves, 26 de julio de 2012

El Hombre Mapa

Emociónese con el sorrrrrprendente Hombre Mapa.






jueves, 12 de julio de 2012

Cosa para hacer en vacaciones de invierno... (3)

3. Reflexionar.

Se propone el siguiente ejercicio:
Después de desayunar, leer Los sinsabores del verdadero policía (de Roberto Bolaño) en la parte donde Padilla se larga con su tesis acerca de la homosexualidad de la poesía (capítulo I).
En la tarde, ver Safe house y poner mucha atención en la parte en que Frost (Denzel Washington), con un ademán absolutamente masturbatorio, descorcha una botella de vino frente a un muy muy muy muy muy físicamente deteriorado bandido latinoamericano (encarnado magistralmente -particularmente en la parte del deterioro físico- por Rubén Blades), mientras recita Too long a sacrifice can make a stone of the heart. O when may it suffice? That is heaven's part,  que,  como todo el mundo sabe, es parte de un poema de Yeats.

Preguntas:
¿Qué le pasó a Rubén Blades?
¿Es la publicación póstuna lo mejor de la vida?










Cosa para hacer en vacaciones de invierno... (2)

2. Revisitar (o sea, por favor, ahora se dice así) los clásicos.

Más o menos como con sin igual donosura se muestra acá.




Cosa para hacer en vacaciones de invierno ahora que se viene la crisis, y agárrate Catalina

1. Iniciarse en el apasionante Arte de la Grafología.

Se puede practicar con algunos tipos como Einstein, Napoleón, Rommel, Newton, Freud, Victor Hugo, Verlaine, Proust, Jack London, Van Gogh... y otros aquí.


sábado, 7 de julio de 2012

Discusión sobre el sueldo mínimo: La Estocada Final




Puede que sea una impresión mía, no sé, me parece; pero si un dueño de PYME no puede pagar un sueldo de 250 mil pesos bruto, más que PYME lo que tiene es una encomienda.

...¿o es muy tonto lo que estoy diciendo?


sábado, 23 de junio de 2012

Especie Inhumana

¿Verdad que es lindo el doodle de Alan Turing?

Nos recuerda que somos una mierda. Y que ojalá resetéen pronto.


jueves, 21 de junio de 2012

Turismo indoor

Ahora que se vienen las vacaciones de invierno, no tienes idea la cantidad de plata que me ha ahorrado este Kavafis (¿o es Cavafis?... No sé, a mi me gusta Kavafis).


Dices: "Iré a otra tierra, hacia otro mar
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,
y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.
Donde vuelvo los ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí".

No hallarás otra tierra ni otro mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad es siempre la misma. Otra no busques -no la hay-
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra.

"La ciudad", Konstantino Kavafis


sábado, 16 de junio de 2012

miércoles, 13 de junio de 2012

Grato ambiente, regia orquesta, baño sólo para clientes


San Francisco, New York, Petra (¡Petra!), París, Montreal, Cape Town, Barcelona... ¡pa' la casa!







Igual se recomienda a los que vengan que transiten con cuidado por los lugares alfombrados.
Puede que tropiecen con algunos montículos.
"Distribución del ingreso", "discriminación"... cosas así.

Pero somos re re re "most-loved".




miércoles, 6 de junio de 2012

Ray Bradbury (2)


Y nada. En lugar de "Moby Dick", me puse a ver un frikerío raybradburiense.







Y con esto ya la vamos cortando con lo del homenaje, porque la última vez que me puse a chochear con un escritor, mis críos del 8° Básico me gritaron a coro: ¡Hágale un queque!... ¡Cárguele la bip!... ¡Téjale un chaleco!...







Ray Bradbury


Me acabo de enterar de que murió Ray Bradbury. (Es de esas noticias que no salen en la tele. En la mía, al menos.)
No sé, se me ocurre que debió ser un buen tipo. Todos los que eligen no tener licencia de conducir me parecen buenos tipos.
Además me ha acompañado prácticamente toda la vida, y -suerte la mía- lo seguirá haciendo.

Para homenajearlo, voy a colgar aquí mi cuento favorito.

Y más rato voy a ver "Moby Dick".

Recuerdo que cuando vi el DVD en un montón de saldos de un supermercado, y descubrí que en  él confluían Herman Melville, John Huston y Ray Bradbury, pensé que un acontecimiento de tal trascendencia bien valía que renunciara a mi pasión  por el no-coleccionismo de cosas.


¿Y el cuento?
Ah, el cuento me gusta porque soy una romántica incurable y porque McDunn tiene barba.

Porque no me van a venir a discutir a mí, precisamente a mí, que McDunn tiene barba, ¿verdad?



La sirena
Ray Bradbury (22 de agosto de 1920 – 5 de junio de 2012)

Allá afuera en el agua helada, lejos de la costa, esperábamos todas las noches la llegada de la niebla, y la niebla llegaba, y aceitábamos la maquinaria de bronce, y encendíamos los faros de niebla en lo alto de la torre. Como dos pájaros en el cielo gris, McDunn y yo lanzábamos el rayo de luz, rojo, luego blanco, luego rojo otra vez, que miraba los barcos solitarios. Y si ellos no veían nuestra luz, oían siempre nuestra voz, el grito alto y profundo de la sirena, que temblaba entre jirones de neblina y sobresaltaba y alejaba a las gaviotas como mazos de naipes arrojados al aire, y hacía crecer las olas y las cubría de espuma.
-Es una vida solitaria, pero uno se acostumbra, ¿no es cierto? -preguntó McDunn.
-Sí -dije-. Afortunadamente, es usted un buen conversador.
-Bueno, mañana irás a tierra -agregó McDunn sonriendo- a bailar con las muchachas y tomar ginebra.
-¿En qué piensa usted, McDunn, cuando lo dejo solo?
-En los misterios del mar.
McDunn encendió su pipa. Eran las siete y cuarto de una helada tarde de noviembre. La luz movía su cola en doscientas direcciones, y la sirena zumbaba en la alta garganta del faro. En ciento cincuenta kilómetros de costa no había poblaciones; sólo un camino solitario que atravesaba los campos desiertos hasta el mar, un estrecho de tres kilómetros de frías aguas, y unos pocos barcos.
-Los misterios del mar -dijo McDunn pensativamente-. ¿Pensaste alguna vez que el mar es como un enorme copo de nieve? Se mueve y crece con mil formas y colores, siempre distintos. Es raro. Una noche, hace años, todos los peces del mar salieron ahí a la superficie. Algo los hizo subir y quedarse flotando en las aguas, como temblando y mirando la luz del faro que caía sobre ellos, roja, blanca, roja, blanca, de modo que yo podía verles los ojitos. Me quedé helado. Eran como una gran cola de pavo real, y se quedaron ahí hasta la medianoche. Luego, casi sin ruido, desaparecieron. Un millón de peces desapareció. Imaginé que quizás, de algún modo, vinieron en peregrinación. Raro, pero piensa qué debe parecerles una torre que se alza veinte metros sobre las aguas, y el dios-luz que sale del faro, y la torre que se anuncia a sí misma con una voz de monstruo. Nunca volvieron aquellos peces, ¿pero no se te ocurre que creyeron ver a Dios?
Me estremecí. Miré las grandes y grises praderas del mar que se extendían hacia ninguna parte, hacia la nada.
-Oh, hay tantas cosas en el mar. -McDunn chupó su pipa nerviosamente, parpadeando. Estuvo nervioso durante todo el día y nunca dijo la causa-. A pesar de nuestras máquinas y los llamados submarinos, pasarán diez mil siglos antes de que pisemos realmente las tierras sumergidas, sus fabulosos reinos, y sintamos realmente miedo. Piénsalo, allá abajo es todavía el año 300,000 antes de Cristo. Cuando nos paseábamos con trompetas arrancándonos países y cabezas, ellos vivían ya bajo las aguas, a dieciocho kilómetros de profundidad, helados en un tiempo tan antiguo como la cola de un cometa.
-Sí, es un mundo viejo.
-Ven. Te reservé algo especial.
Subimos con lentitud los ochenta escalones, hablando. Arriba, McDunn apagó las luces del cuarto para que no hubiese reflejos en las paredes de vidrio. El gran ojo de luz zumbaba y giraba con suavidad sobre sus cojinetes aceitados. La sirena llamaba regularmente cada quince segundos.
-Es como la voz de un animal, ¿no es cierto? -McDunn se asintió a sí mismo con un movimiento de cabeza-. Un gigantesco y solitario animal que grita en la noche. Echado aquí, al borde de diez billones de años, y llamando hacia los abismos. Estoy aquí, estoy aquí, estoy aquí. Y los abismos le responden, sí, le responden. Ya llevas aquí tres meses, Johnny, y es hora que lo sepas. En esta época del año -dijo McDunn estudiando la oscuridad y la niebla-, algo viene a visitar el faro.
-¿Los cardúmenes de peces?
-No, otra cosa. No te lo dije antes porque me creerías loco, pero no puedo callar más. Si mi calendario no se equivoca, esta noche es la noche. No diré mucho, lo verás tú mismo. Siéntate aquí. Mañana, si quieres, empaquetas tus cosas y tomas la lancha y sacas el coche desde el galpón del muelle, y escapas hasta algún pueblito del mediterráneo y vives allí sin apagar nunca las luces de noche. No te acusaré. Ha ocurrido en los últimos tres años y sólo esta vez hay alguien conmigo. Espera y mira.
Pasó media hora y sólo murmuramos unas pocas frases. Cuando nos cansamos de esperar, McDunn me explicó algunas de sus ideas sobre la sirena.
-Un día, hace muchos años, vino un hombre y escuchó el sonido del océano en la costa fría y sin sol, y dijo: "Necesitamos una voz que llame sobre las aguas, que advierta a los barcos; haré esa voz. Haré una voz que será como todo el tiempo y toda la niebla; una voz como una cama vacía junto a ti toda la noche, y como una casa vacía cuando abres la puerta, y como otoñales árboles desnudos. Un sonido de pájaros que vuelan hacia el sur, gritando, y un sonido de viento de noviembre y el mar en la costa dura y fría. Haré un sonido tan desolado que alcanzará a todos y al oírlo gemirán las almas, y los hogares parecerán más tibios, y en las distantes ciudades todos pensarán que es bueno estar en casa. Haré un sonido y un aparato y lo llamarán la sirena, y quienes lo oigan conocerán la tristeza de la eternidad y la brevedad de la vida".
La sirena llamó.
-Imaginé esta historia -dijo McDunn en voz baja- para explicar por qué esta criatura visita el faro todos los años. La sirena la llama, pienso, y ella viene...
-Pero... -interrumpí.
-Chist... -ordenó McDunn-. ¡Allí!
-Señaló los abismos.
-Algo se acercaba al faro, nadando.
 Era una noche helada, como ya dije. El frío entraba en el faro, la luz iba y venía, y la sirena llamaba y llamaba entre los hilos de la niebla. Uno no podía ver muy lejos, ni muy claro, pero allí estaba el mar profundo moviéndose alrededor de la tierra nocturna, aplastado y mudo, gris como barro, y aquí estábamos nosotros dos, solos en la torre, y allá, lejos al principio, se elevó una onda, y luego una ola, una burbuja, una raya de espuma. Y en seguida, desde la superficie del mar frío salió una cabeza, una cabeza grande, oscura, de ojos inmensos, y luego un cuello. Y luego... no un cuerpo, sino más cuello, y más. La cabeza se alzó doce metros por encima del agua sobre un delgado y hermoso cuello oscuro. Sólo entonces, como una islita de coral negro y moluscos y cangrejos, surgió el cuerpo desde los abismos. La cola se sacudió sobre las aguas. Me pareció que el monstruo tenía unos veinte o treinta metros de largo.
No sé qué dije entonces, pero algo dije.
-Calma, muchacho, calma -murmuró McDunn.
-¡Es imposible! -exclamé.
-No, Johnny, nosotros somos imposibles. Él es lo que era hace diez millones de años. No ha cambiado. Nosotros y la Tierra cambiamos, nos hicimos imposibles. Nosotros.
El monstruo nadó lentamente y con una gran y oscura majestad en las aguas frías. La niebla iba y venía a su alrededor, borrando por instantes su forma. Uno de los ojos del monstruo reflejó nuestra inmensa luz, roja, blanca, roja, blanca, y fue como un disco que en lo alto de una mano enviase un mensaje en un código primitivo. El silencio del monstruo era como el silencio de la niebla.
Yo me agaché, sosteniéndome en la barandilla de la escalera.
-¡Parece un dinosaurio!
-Sí, uno de la tribu.
-¡Pero murieron todos!
-No, se ocultaron en los abismos del mar. Muy, muy abajo en los más abismales de los abismos. Es ésta una verdadera palabra ahora, Johnny, una palabra real; dice tanto: los abismos. Una palabra con toda frialdad y la oscuridad y las profundidades del mundo.
-¿Qué haremos?
-¿Qué podemos hacer? Es nuestro trabajo. Además, estamos aquí más seguros que en cualquier bote que pudiera llevarnos a la costa. El monstruo es tan grande como un destructor, y casi tan rápido.
-¿Pero por qué viene aquí?
En seguida tuve la respuesta.
La sirena llamó.
Y el monstruo respondió.
Un grito que atravesó un millón de años, nieblas y agua. Un grito tan angustioso y solitario que tembló dentro de mi cuerpo y de mi cabeza. El monstruo le gritó a la torre. La sirena llamó. El monstruo rugió otra vez. La sirena llamó. El monstruo abrió su enorme boca dentada, y de la boca salió un sonido que era el llamado de la sirena. Solitario, vasto y lejano. Un sonido de soledad, mares invisibles, noches frías. Eso era el sonido.
-¿Entiendes ahora -susurró McDunn- por qué viene aquí?
Asentí con un movimiento de cabeza.
-Todo el año, Johnny, ese monstruo estuvo allá, mil kilómetros mar adentro, y a treinta kilómetros bajo las aguas, soportando el paso del tiempo. Quizás esta solitaria criatura tiene un millón de años. Piénsalo, esperar un millón de años. ¿Esperarías tanto? Quizás es el último de su especie. Yo así lo creo. De todos modos, hace cinco años vinieron aquí unos hombres y construyeron este faro. E instalaron la sirena, y la sirena llamó y llamó y su voz llegó hasta donde tú estabas, hundido en el sueño y en recuerdos de un mundo donde había miles como tú. Pero ahora estás solo, enteramente solo en un mundo que no te pertenece, un mundo del que debes huir. El sonido de la sirena llega entonces, y se va, y llega y se va otra vez, y te mueves en el barroso fondo de los abismos, y abres los ojos como los lentes de una cámara de cincuenta milímetros, y te mueves lentamente, lentamente, pues tienes todo el peso del océano sobre los hombros. Pero la sirena atraviesa mil kilómetros de agua, débil y familiar, y en el horno de tu vientre arde otra vez el juego, y te incorporas lentamente, lentamente. Te alimentas de grandes cardúmenes de bacalaos y de ríos de medusas, y subes lentamente por los meses de otoño, y septiembre cuando nacen las nieblas, y octubre con más niebla, y la sirena todavía llama, y luego, en los últimos días de noviembre, luego de ascender día a día, unos pocos metros por hora, estás cerca de la superficie, y todavía vivo. Tienes que subir lentamente: si te apresuras; estallas. Así que tardas tres meses en llegar a la superficie, y luego unos días más para nadar por las frías aguas hasta el faro. Y ahí estás, ahí, en la noche, Johnny, el mayor de los monstruos creados. Y aquí está el faro, que te llama, con un cuello largo como el tuyo que emerge del mar, y un cuerpo como el tuyo, y, sobre todo, con una voz como la tuya. ¿Entiendes ahora, Johnny, entiendes?
La sirena llamó.
El monstruo respondió.
Lo vi todo..., lo supe todo. En solitario un millón de años, esperando a alguien que nunca volvería. El millón de años de soledad en el fondo del mar, la locura del tiempo allí, mientras los cielos se limpiaban de pájaros reptiles, los pantanos se secaban en los continentes, los perezosos y dientes de sable se zambullían en pozos de alquitrán, y los hombres corrían como hormigas blancas por las lomas.
La sirena llamó.
-El año pasado -dijo McDunn-, esta criatura nadó alrededor y alrededor, alrededor y alrededor, toda la noche. Sin acercarse mucho, sorprendida, diría yo. Temerosa, quizás. Pero al otro día, inesperadamente, se levantó la niebla, brilló el sol, y el cielo era tan azul como en un cuadro. Y el monstruo huyó del calor, y el silencio, y no regresó. Imagino que estuvo pensándolo todo el año, pensándolo de todas las formas posibles.
 El monstruo estaba ahora a no más de cien metros, y él y la sirena se gritaban en forma alternada. Cuando la luz caía sobre ellos, los ojos del monstruo eran fuego y hielo.
-Así es la vida -dijo McDunn-. Siempre alguien espera que regrese algún otro que nunca vuelve. Siempre alguien que quiere a algún otro que no lo quiere. Y al fin uno busca destruir a ese otro, quienquiera que sea, para que no nos lastime más.
El monstruo se acercaba al faro.
La sirena llamó.
-Veamos qué ocurre -dijo McDunn.
Apagó la sirena.
El minuto siguiente fue de un silencio tan intenso que podíamos oír nuestros corazones que golpeaban en el cuarto de vidrio, y el lento y lubricado girar de la luz.
El monstruo se detuvo. Sus grandes ojos de linterna parpadearon. Abrió la boca. Emitió una especie de ruido sordo, como un volcán. Movió la cabeza de un lado a otro como buscando los sonidos que ahora se perdían en la niebla. Miró el faro. Algo retumbó otra vez en su interior. Y se le encendieron los ojos. Se incorporó, azotando el agua, y se acercó a la torre con ojos furiosos y atormentados.
-¡McDunn! -grité-. ¡La sirena!
McDunn buscó a tientas el obturador. Pero antes de que la sirena sonase otra vez, el monstruo ya se había incorporado. Vislumbré un momento sus garras gigantescas, con una brillante piel correosa entre los dedos, que se alzaban contra la torre. El gran ojo derecho de su angustiada cabeza brilló ante mí como un caldero en el que podía caer, gritando. La torre se sacudió. La sirena gritó; el monstruo gritó. Abrazó el faro y arañó los vidrios, que cayeron hechos trizas sobre nosotros.
McDunn me tomó por el brazo.
-¡Abajo! -gritó.
La torre se balanceaba, tambaleaba, y comenzaba a ceder. La sirena y el monstruo rugían. Trastabillamos y casi caímos por la escalera.
-¡Rápido!
Llegamos abajo cuando la torre ya se doblaba sobre nosotros. Nos metimos bajo las escaleras en el pequeño sótano de piedra. Las piedras llovieron en un millar de golpes. La sirena calló bruscamente. El monstruo cayó sobre la torre, y la torre se derrumbó. Arrodillados, McDunn y yo nos abrazamos mientras el mundo estallaba.
Todo terminó de pronto, y no hubo más que oscuridad y el golpear de las olas contra los escalones de piedra.
Eso y el otro sonido.
-Escucha -dijo McDunn en voz baja-. Escucha.
Esperamos un momento. Y entonces comencé a escucharlo. Al principio fue como una gran succión de aire, y luego el lamento, el asombro, la soledad del enorme monstruo doblado sobre nosotros, de modo que el nauseabundo hedor de su cuerpo llenaba el sótano. El monstruo jadeó y gritó. La torre había desaparecido. La luz había desaparecido. La criatura que llamó a través de un millón de años había desaparecido. Y el monstruo abría la boca y llamaba. Eran los llamados de la sirena, una y otra vez. Y los barcos en alta mar, no descubriendo la luz, no viendo nada, pero oyendo el sonido debían de pensar: ahí está, el sonido solitario, la sirena de la bahía Solitaria. Todo está bien. Hemos doblado el cabo.
Y así pasamos aquella noche.
A la tarde siguiente, cuando la patrulla de rescate vino a sacarnos del sótano, sepultados bajo los escombros de la torre, el sol era tibio y amarillo.
-Se vino abajo, eso es todo -dijo McDunn gravemente-. Nos golpearon con violencia las olas y se derrumbó.
Me pellizcó el brazo.
No había nada que ver. El mar estaba sereno, el cielo era azul. La materia verde que cubría las piedras caídas y las rocas de la isla olían a algas. Las moscas zumbaban alrededor. Las aguas desiertas golpeaban la costa.
Al año siguiente construyeron un nuevo faro, pero en aquel entonces yo había conseguido trabajo en un pueblito, y me había casado, y vivía en una acogedora casita de ventanas amarillas en las noches de otoño, de puertas cerradas y chimenea humeante. En cuanto a McDunn, era el encargado del nuevo faro, de cemento y reforzado con acero.
-Por si acaso -dijo McDunn.
Terminaron el nuevo faro en noviembre. Una tarde llegué hasta allí y detuve el coche y miré las aguas grises y escuché la nueva sirena que sonaba una, dos, tres, cuatro veces por minuto, allá en el mar, sola.
¿El monstruo?
No volvió.
-Se fue -dijo McDunn-. Se ha ido a los abismos. Comprendió que en este mundo no se puede amar demasiado. Se fue a los más abismales de los abismos a esperar otro millón de años. Ah, ¡pobre criatura! Esperando allá, esperando y esperando mientras el hombre viene y va por este lastimoso y mínimo planeta. Esperando y esperando.
Sentado en mi coche, no podía ver el faro o la luz que barría la bahía Solitaria. Sólo oía la sirena, la sirena, la sirena, y sonaba como el llamado del monstruo.
Me quedé así, inmóvil, deseando poder decir algo.





martes, 29 de mayo de 2012

Malditas innatas

Aquí tienen una discusión respecto al empujón pélvico, y me parece que este video zanja la cuestión definitivamente:


Pero no seré yo quien le saque leña a esa hoguera.








lunes, 21 de mayo de 2012

El chileno censual


Por si no han pasado por tu casa, anda ensayando...



Odiaría que creyeran que somos un país al lote.







¡Revelan que más cosas están pasando!

Continuando con la campaña "Mira Qué Lindo Lo Que Hacen Otros Mientras Yo Vivo La Vida Al Estilo Zen (™)", paso a contarles sin más trámite que el Amo de la Galaxia Blogueril Trasandina, el Mandamás del Humorismo Gráfico Argento, el Volantín (que allá le dicen "barrilete") Cósmico de la Literatura de Allende Los Andes, el Tambor Mayor de los que Tienen la Razón, El que cuando Otros van Él ya ha ido y vuelto varias veces -según propia confesión- a apagar el cálefon,  a buscar el DNI (N. del A: entiéndase como el carné) a colgarse al hombro la cartera (cartera de hombre, ojo) y a  sacar las llaves que se le han quedado en la cerradura de la puerta de acceso a su casa habitación... o sea, o sea, o sea Flaco, cómo te explico... con todas esas pistas ya deberías saber que estoy hablando de Podeti  -cuyo blog sigo desde la época en que  ibas a Argentina y te trataban a cuerpo de rey(na)-,  quien por fin escuchó la voz del pueblo y, dejando de lado por un rato su vastamente conocida preocupación por la tala de la Amazonia o Amazonía, ha lanzado al mercado con bombos y platillos en la última versión de la Feria del Libro de Buenos Aires (dejando también de lado su tradicional "low pérfil"... un momento, al parecer está decidido a dejar de lado todo lo que alguna vez fue), ha lanzado, digo, una ENORME recopilación -en formato espigado- de los extraordinarios textos que publica casi casi casi casi a diario (antes posteaba más, eso sí) en su blog "Yo Contra el Mundo", y al que puedes acceder fácilmente con solo hojear en internet las páginas del diario Clarín (Advertencia: te advierto que es como entrar a un hoyo negro -o sea no sales más-, pero con llamas a los costados. Estás advertido(a)) . O con pinchar en el link que puse ahí arriba.
Así que hagan lo que les diga su corazón.











De acá a la China


Pues nada, majo, que me he enterao que un blog que sigo desde la época de la dinastía Shang se ha ganao un premio de la Deutsche Welle, a.k.a. The BOBs, como mejor blog español... ¡Arza, tío!
Y el Chinochano aquel no ha encontrao na'a mejor pa agradecer a sus votantes, que hacer el ganso en todo lo que es Gran Muralla China (que allá le dicen "Glan Mulalla"), cantando una canción que si Violeta Parra no se hubiera pegao un tiro el 5 de febrero ése, seguro que se muere de la pura emoción.




Este tío lleva como 10 años viviendo en China, y menos mal que es de Huesca, que si fuera de Huelva capaz que ya ni güelve.

真酷!(zhēn kù !) (*)




(*) ¡Qué guay!

sábado, 12 de mayo de 2012

Mamá chilena

¡Maldita sea la estampa del hombre que me convirtió en esto!


Bueno, no, no es para tanto.
Nos quedó lindo el experimento genético.





martes, 3 de abril de 2012

Jesús aberigua menos y perdona

Leído al pasar:

Jesús
Compartió con sus discípulos
Lavó los pies de ellos
Anunció su muerte
Fue traisionado
Fue crusificado
Nos perdonó de nuestros errores
Nos justificó (es mi abogado)

jueves, 29 de marzo de 2012

El empleado del mes

"No debo inventar formas de golpear a mis compañeros", escribe en el pizarrón un castigado Bartolomeo J. Simpson en el introito de uno de los capítulos de la serie. Y, como si de un mandato del Divino Hacedor se tratara, un puñado -pero de los puñados grandes- de mis alumnos se desviven día a día por llevarlo a la práctica. Pero al revés.
Es de contar y no creer la cantidad de energía que utilizan los críos de 6 a 18 años en patearse, hacerse zancadillas, pegarse chirlitos y darse puñetazos de variada envergadura. ¿Cómo no van a llegar agotados física, intelectual y moralmente a la hora en que me toca explicarles la diferencia entre narrador homodiegético y narrador heterodiegético?, me pregunto yo. ¿De dónde continúo sacando fuerzas para evitar entrar en la espiral de violencia colectiva que a ratos me seduce con cantos de sirena y otras me come las manos, lisa y llanamente?, me pregunto también yo. Porque he de contarles -y acá entramos derechamente en otro capítulo de las " Escenas de la Vida Laboral" a las que tanto me tengo acostumbrada- que ya van dos veces en que casi me voy a las manos con la directora.
Pero he aquí que un buen día, un día en que estábamos reorganizando el horario de los profesores con la directora (en la época dorada en que hasta nos hablábamos, incluso; o sea, hace como dos semanas), un día en que no hallábamos a quién endosarle las horas del Taller de Deporte, agarramos y se las dimos al profesor de Ciencias Naturales. Profesor de Ciencias Naturales, valga la aclaración, que no es aquel tipo que nos rejuró una vez partirse el lomo por nosotras. No. No es ése. Ése nos abandonó tres días antes de que se iniciaran las clases, para arrojarse en brazos del primer colegio que le ofreció más horas.
Ojo. Después no se quejen si nos hacemos hermafroditas.
Pero volvamos al profe de ciencias.
Cuando le ofrecimos el Taller de Deporte al profe de ciencias, nos dio idéntica respuesta que cuando le ofrecimos el Taller de Computación y cuando le imploramos que aceptara las horas de Lenguaje y Comunicación del Sexto Básico: un ligero alzamiento de hombros acompañado de un descendimiento de las comisuras, precediendo a un tibio "Bueno".
Acá permítanme hacer un alto para formularme una interrogante: ¿será el profesor mentolatum (ése que sirve para todo) el que salve al mundo de la crisis en que estamos, o es precisamente el "maestrochasquillismo" docente el que nos tiene como nos tiene?.... Who knows.
Pues bien, resulta que el profe de Ciencias Naturales, ahí donde lo ven, hombre de pocas palabras, adicto a la Coca Cola, bajo perfil (no como el de Inglés, ni el de Física... y pare de contar porque lamentablemente, muy lamentablemente, créanme, la docencia por estos lares es un matriarcado), acabó siendo un verdadero HA-LLAZ-GO. Tiene a los cabros chicos vueltos locos practicando full contact, tae kwon do o no sé qué mariguanza, pero la cosa es que ahora ya no se pegan patadas como energúmenos, sino como perfectos caballeros. Si hasta se saludan antes y todo. Y aparte ya identifican sin ningún problema al narrador homodiegético y al narrador heterodiegético. ¿Qué me decís tis?
Ah, pero no crean que todo ha sido miel sobre hojuelas.
Los más grandes, los de Primero y Segundo Medio, los pesos pesados, los que no tienen Taller de Deporte, andaban medio amargados mirando a los críos que lo pasaban bomba y ellos na' ni na'; así que hablaron con el profe porque también querían aporrearse civilizadamente. Y el profe habló con la directora. Y la directora dijo "no hay plata para pagar otro taller". Y el profe dijo "lo hago gratis". Y hoy casi lloré cuando vi a la más granada semilla de maldad del colegio quedarse hasta las seis de la tarde (en circustancias que en clases, a las dos ya están que cortan las huinchas) intercambiando unas cosas como chalecos antibalas que les llevó el profe, otras cosas como cascos calados, que también les llevó el profe, y, sobre todo, intercambiando patadas surtidas, que proveyeron ellos mismos. Pero con respeto, eso sí. Respeto a los turnos, respeto al que le tocaba hacer de árbitro bajo la atenta y severa mirada del profe de ciencias (que ustedes entenderán,  para unos críos medio inadaptados, con padres golpeadores, encarcelados, adictos, o, en el mejor de los casos, inexistentes, el tipo ya adquirió connotaciones míticas), y, sobre todo, respeto a las partes pudendas del eventual adversario.
Grandes cosas se pueden hacer a punta de patadas.

Lo mejor es que ahora las profes ya tenemos con qué extorsionarlos.

Lo otro es que, y lo siento por el profe de Inglés y el profe de Física, ya tenemos Macho Alfa.

La tribu ha hablado.

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(¿Habrá de esos cosos protectores para directoras y jefas de UTP?)

domingo, 4 de marzo de 2012

The Wall Live Tour 2012: El Prolegómeno









La mejor parte fue cuando un tipo en la fila de atrás le explica a un niño de unos doce años:
Lo que vamos a ver no es cualquier weá... es una weá conceptual... con sonido cuadrafónico... y con una weá de imagen...

sábado, 3 de marzo de 2012

Cosi "fan" tutte

Y bien, he decidido abandonar mi Torre de Marfil labrada primorosamente durante tres lustros con expresiones peyorativas dedicadas a aquellos ratones de cola pelada que contribuyen a acrecentar las multibillonarias arcas del cantante X, del músico Y o del saltimbanqui Z, y -en lugar de quedarse cómodamente sentados en su sofá, agitando un par de cubos de hielo en un vaso de earl grey mientras miran en su televisor, de los de antes, alguna joya del séptimo arte comprada a precio de huevo a su proveedor pirata amigo- optan por pasarse horas al rayo del sol para apretujarse luego junto a una muchedumbre que voceará una jerigonza metafórica que apenas si entiende, y deslumbrarse con una parafernalia inconmensurable.





Y espérate, que el resto de la vida voy a andar contando que estuve allí. Para eso uno va.

martes, 28 de febrero de 2012

La realidad imita al arte






...a menos que me digan que "Kung Fu Panda" no es arte y ahí ahí ahí entraríamos en franca controversia.

martes, 31 de enero de 2012

Señoras y señores: Las instituciones funcionan

El Tribunal de Libre Competencia acaba de fallar en contra de las farmacias Cruz Verde y Salco Brand por haberse coludido en la fijación de precios de algo más de 200 medicamentos, y ha fijado una multa de 19 millones de dólares que irán a las arcas fiscales.

El gobernante de turno y sus adláteres festejan este hito en la lucha por la defensa de "los sagrados derechos de los consumidores", en una "sociedad de libre mercado" en la que "las instituciones funcionan".

Organismos privados convocan a todos aquellos que hayan sido víctimas de esta lamentable situación, a que se les unan para emprender las acciones reparatorias que corresponda.

Ovación cerrada.


Pero algo huele mal en todo esto.
Algo como que no cierra.
No cuadra.
Para empezar, hace décadas que es vox populi el que en Chile se han edificado verdaderos imperios sobre la base del quebrantamiento de los derechos del consumidor y del trabajador; léase pactos, acuerdos, RUT múltiple, trato abusivo a proveedores, monopolios, prohibición a la existencia de sindicatos, aplicación de una Ley del Trabajo que favorece a los empresarios (ver cláusula de despido por "Necesidades de la empresa"), etc.
Otro aspecto que genera, cómo podríamos decir...  ¿incomodidad, quizás?, es que FASA,  la tercera cadena de farmacias implicada en el caso, se acogió a una cosa muy muy muy fea, una cosa que da vergüenza ajena... pero propia; que es peor, porque pasa acá y aunque a mí no me preguntaron, yo también voy en el lote, es esta cosa de la figura de la "Delación compensada". O sea, en palabras simples, Juanito, Pepito y Jaimito durante décadas robaron y abusaron a sus compañeritos a vista y paciencia de la profesora, pero al final Juanito delató a sus cómplices y pagó sólo 1  millón de dólares de multa en lugar de  19. Disculpe señorita profesora, pero esta historia no me gusta; como dicen en el campo "está bien que a uno se las vean, pero no que se las pellizquen". Llámenme melodramática, pero, ¿con qué cara educa uno a los niños en un país donde existe legalmente la delación compensada?
Finalmente, y para terminar esto con una sonrisa de oreja a oreja, quiero pensar que esos 19 millones de dólares no juntarán polvo en las arcas fiscales, sino que irán, por ejemplo, a mejorar las carreteras entregadas al sector privado (privado de escrúpulos, privado de ética) por las que a diario se desplaza el conductor ABC1, C2 y hasta C3 porque lo que sí se resguarda en este país es el "sagrado derecho" a endeudarse hasta el cuello por un autito, ojalá del año.
O no, mejor no, mejor que vayan a Educación; ése sector donde al final la plata que se entrega a los colegios (sí, palabras como "escuela" o "pueblo" cayeron en  desuso circa 1973) debe ser usada en inútiles cursos de capacitación, no ya de perfeccionamiento, en unas organizaciones que salieron como callampas después de la lluvia y que me encantaría saber quiénes son sus dueños.

Ah, momento, pero, ¿y qué pasa con la plata que pagamos de más en medicamentos durante tanto tiempo?

Señora, señor, vaya y busque todas las boletas que, por supuesto, usted guardó religiosamente como todo consumidor que se respete y "emprenda acciones legales ".

O qué pensaba... ¿agarrar antorchas, palas y horquetas como si estuviéramos en la Edad Media, cuando el señor feudal se follaba al que se le venía en gana?

lunes, 23 de enero de 2012

Pablo Milanés pisa las calles nuevamente. Y más nada

Sí, bueno, Pablo Milanés acaba de bajarse de un escenario en Chile (Festival de Olmué), PERO FUE INCAPAZ DE CANTAR "YO PISARÉ LAS CALLES NUEVAMENTE"!!
Y con lo bien que nos hubiera hecho.
Pero, claaaaaro, otra cosa es con guitarra y con un gobierno facho en La Moneda.
Parece que queda mejor cantarlo de lejos.
Gracias igual.



domingo, 8 de enero de 2012

Fomentando el valor del homo ludens

¿Piensa usted, al igual que Stanislaw Lem y yo, que Asimov es pura basura? (Bueno, probablemente él no lo dijo así con todas sus letras, pero para eso estoy yo.)

¿Acaso usted sustenta la tesis de que la versión soviética de Solaris es no sólo más larga, sino también mejor que la estadounidense, sobre todo cuando está subtitulada?

¿Le parece que el aforismo "el tiempo es oro" ers una reverenda cagada?

Pues bien, cualquier día nos reuniremos a disccutir respecto a estos y otros interesantes temas. Mientras, señora, señor, expanda sus horizontes, desafíe al ingenio y confirme que es un papanatas aquí.

Después, descubra cómo era en realidad la cosa, acá.

Y si todavía le quedan ganas de andar de aquí para acá, escriba a cucala.macara@gmail.com para que juntemos firmas y mandemos una queja formal a Google Inc. porque este doodle del 23 de noviembre de 2011 no salió en nuestros países.

¡Qué se creen que nuestro tiempo vale!

(Si alguien llega acá buscando leer a Lem, perdón.
http://english.lem.pl/home/bookshelf/how-the-word-was-saved )