sábado, 31 de diciembre de 2011

2012: Año del dragón... pero del dragón charcha

Más que las Navidades, para mí los recuerdos de infancia imborrables pertenecen a los Años Nuevos.
Como en un principio éramos solo tres, la hermana mayor de mi papá nos adoptaba temporalmente.
Todos los años partíamos de punto en blanco y a toda carrera a tomar la micro. Creo que parte de la fiesta era la incertidumbre de saber si llegaríamos a la hora o tendríamos que darle el abrazo al chofer y al resto de los pasajeros.

Cuenta la leyenda que en mi tercer Año Nuevo, y con poco más de dos años de edad, hice el primer intento de apartarme del rebaño. Mientras mis 12 primos (creo que mi tía se sentía vacía cuando no estaba embarazada), tíos, padres y otros sin especificar se entregaban a la ceremonia orgiástica de los abrazos, simplemente me largué a caminar con destino probablemente incierto, ve tú a saber, pero con la clara intención de alejarme de la muchedumbre. Según testigos, y particularmente según lo que refiere mi madre, de pronto mi progenitora se percata de que el fruto de sus entrañas no estaba en el sector que abarcaba su mirada, y, seguramente con la culpa atenazándole la garganta exclama, ¡LA NIÑA! A partir de ahí el relato se torna confuso. Nadie ha sido capaz de decirme exactamente cuánto tiempo estuvieron buscándome. Al respecto barajo dos teorías: 1. El tiempo es relativo. Es posible que.. naaa, deben haber sido solo unos minutos pero a mis padres se les hicieron eternos sumidos en la angustia  y la culpa. 2. Capaz que fueron HORAS, pero nunca me quisieron decir para no correr el riego de que yo misma me diera en adopción.
Cuento corto: a alguien se le ocurrió salir a mirar a la calle -mientras los grandes decían "nooooo, nada que ver, cómo va a haber salido a la calle..."- y vio que allá, a lo lejos, bien lejos, se divisaba un puntito blanco.
Suerte que mis papás no eran rockeros. O punks. O emos. O góticos. O cualquiera de esos pelotudos que les da por vestir a los críos de negro.

Con el tiempo, la cosa mejoró bastante. Me cortaron las alas, me socializaron como a Alex y me dejaron en condiciones de disfrutar el jolgorio colectivo. Tanto éxito tuvo el tratamiento, que no sólo abrazaba a toda la gente que estaba en la casa, sino que salía a dar abrazos con una de mis primas más grandes a todos los vecinos en dos cuadras a la redonda. A esa época se remonta mi iniciación en la cata de pan de pascua.

Otra cosa que me gustaba era el ceremonial del globo de papel.
Tiene que haber partes del mundo donde sea tradicional desplegar entre varios un globo de un metro veinte confeccionado en papel de seda, encender un coso en la base, esperar a que el aire del interior se caliente hasta que el globo empiece a dar tironcitos, soltarlo y correr como idiotas detrás de él mientras se eleva; pero acá, en este país, nunca jamás he visto a alguien que haga semejante cosa. Quizás por eso quebró la Casa Hombo, donde mi papá compraba un globo año tras año. Y nada más.

Además del trabajo en equipo, en estas fiestas también aprendí lo que era la envidia, la cobardía y el odio: nunca pude agitar una "estrellita" como mis valientes primas, y las chisporroteantes "pulguitas" que raspaban contra el suelo los pies de mis primos sólo a mí perseguían. Ahora prohibieron ese tipo de artilugios, cosa que me causa emociones encontradas. Capaz que ahora lo superaría. En fin.

Pero lo que más llamaba mi infantil atención en esta fecha, era cuando al dar las doce quedaba el llanterío entre las mujeres grandes. Nunca nadie me quiso explicar cuando pregunté la razón. Después llegué a pensar que era como un código secreto al que por el momento no tenía acceso, pero entenderlo era sólo cuestión de  tiempo.
Y así nomás fue.
Lloraban porque después venía otro.
Otro año.

Te digo más, toda esta parafernalia de comida, trago, fuegos artificiales, abrazos, trasnoche, bocinazos, cotillón, gritos, risotadas, Galeón español llegó dejando una estela en el mar, pachanga, un año máaaaaaaaas que se vaaaaaaaa, trencito con gente sudorosa  y jolgorio en general, no tiene otro sentido que hacer como que de verdad crees que ahora sí que en este nuevo año te va a ir bien y  que el mundo no se está cayendo a pedazos. Porque al margen de cómo te haya ido en este 2011, no me puedes negar que el mundo, el mundo así en general, está cada día más charcha. Y lo que es peor, nada nada nada NADA indica que la cosa vaya a mejorar. A menos, claro, que seas el personaje de Jeremy Irons en Margin Call, que, dicho sea de paso,  acabo de verla y estoy con unas ganas locas de salir a matar gente, partiendo por la tontorrona de la esquina que hizo cortar el precioso jacarandá del jardín porque, según ella, "botaba mucha mugre", y ahora se cambió dos casas más acá y ya taló el limonero que con sus propias manos plantó hace 30 años el dueño anterior. ¡Bestia!

Ah, y a propósito de Iron, un recado para la gran cantidad de gente que en las últimas 48 horas ha entrado a ver este post: Amarillos, sí, ¡PERO DE FIERRO!

Para más detalles, consultar Dato 4.400 en blog "Yo contra el mundo".

Y una última cosita. Cómo estaremos de jodidos por el poder económico que ya hasta somos víctimas, como tanta mujer golpeada,  del síndrome "Mi marido nomás me pega": siempre que se habla de "los pobres", nadie cree que están hablando de uno.

Buen provecho, y a ver si ponemos un granito de arena, UNO aunque sea, para que sea charcha pero sin irse al chancho.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Se necesita gente (parte 2)

En el capítulo anterior, dejamos a mí (porque esto se trata de mí, a ver si nos vamos entendiendo) en la incómoda posición de tener que decidir quién tendrá algo para echarse a la boca el próximo año y quién no. Y estoy hablando de comida.
Pues bien, sin más armas que un cuaderno cuadriculado y un lápiz BIC azul de punta gruesa, procedí a ubicarme estratégicamente a la diestra de la directora. Porque voy a ser su "brazo derecho" y además estaba más fresquito.
Considerando que, según estudios recientes, el 84% de los chilenos(as) no entiende lo que lee y que en el resto del mundo la cosa debe andar por ahí, me, les, nos evitaré la descripción de la variopinta galería de personajes que desfiló ante nuestros cuatro ojos durante unas tres horas. Además, qué... ¿soy Maupassant yo?
A cambio, les propongo que nos vayamos directo al clímax del asunto. Porque acá, contrariamente a lo que opinan las revistas femeninas de ultraderecha del siglo pasado, lo que importa es el clímax. El jugueteo previo lo dejamos para otro momento, ¿estamos? Bien, el clímax, decía, fue súbito, emocionante (casi lloré, te juro) y bastante perturbador. De hecho, no he pensado en otra cosa desde ayer...



Ah, perdón, el clímax.
A por ello:
Ante un par de mujeres que, calculo yo, entre las dos hacían como 72 años que repartieremos salomónicamente en 36 para cada una y al que se atreva a esbozar siquiera un ínfimo atisbo de sonrisa lo mando desalojar el salón, tenemos a un veintiochoañero M (la inicial fue cambiada para resguardar su anonimato) que, luego de los trámites de rigor (trayectoria, desempeño, medición de masa muscular, esas cosas) y a continuación del discurso en que le expuse claramente qué queremos hacer, por qué, con qué contamos (esta parte fue breve; brevísima; pero al decir esa única palabra usé todos los recursos que el Arte de la Persuasión pone a nuestro alcance... creo que ahí se me fue un poco la mano... pero espérense), a quiénes necesitamos y que si no lo logramos nos vamos con poco más de 100 niños esperando un tren del aprendizaje y todo al reverendo carajo, el tipo va y se despacha un: "Estoy dispuesto a partirme el lomo por ustedes".

Y no encuentro en la lengua castellana escrita los signos para dar a entender la expresividad de la oración anterior porque estos "¡ !" no me sirven. A ver si los de la RAE se ponen las pilas por una recondenada vez y me solucionan esta carencia en vez de andar aprobando que los chilenos digan "los domÍnicos" en lugar de "los dominIcos", que es como Dios, y sobre todo la Orden de los Dominicos, manda.

***

Que hay gente que está dispuesta a decir cualquier cosa con tal de trabajar, que el empresariado ya logró convertir al trabajador en un esclavo, que qué voy a hacer con este Super Poder que Dios me dio, que a ver si alguien me indica dónde venden látigos y un par de disfraces de Gatúbela, que capaz que pase a integrar el batallón de hombres que me ha engañado... Basta.
Hoy no me pidan descripciones ni conclusiones.
"I want to be alone".



 (Otro poco de Cien niños esperando un tren aquí. Más no encontré.)

martes, 27 de diciembre de 2011

Se necesita gente

Mira si estará loco el Mercado de la Carne Trabajadora que hace exactamente una semana yo estaba hundida hasta el cuello en el Fango del  Desempleo, y hoy día me toca seleccionar gente para el lugar en que voy a trabajar el próximo año.
O sea, por primera vez en la vida me dan la posibilidad de elegir con pinzas a quien voy a ver casi todos los días por X tiempo.
Bueno, primera vez si dejamos fuera el Affaire Exmarido... y demases...



En resumidas cuentas, yo buena buena buena, lo que se llama buena escogiendo gente, no soy.
¿Cómo se hace?
¡Yo no estudié para eso!







jueves, 22 de diciembre de 2011

¡Un gran, gran saludo navideño, de norte a sur y de cordillera a mar!

Me pasó una cosa terrible.
No, no es que no me haya gustado el regalo de "amigo secreto". Hablo de terrible en serio. Hablo de esas cosas que te cambian la vida. Te la trastocan, digamos.
Tampoco es que me hayan echado de la pega.
O sea, sí.
Me echaron. Pero ya tengo otro trabajo. Lo que confirma lo que dijo la malaleche que me hizo la cama (que no le deseo mal, y además tengo muchas cosas que hacer como para sentarme a la puerta de mi tienda. Claro que esto lo digo desde la cómoda posición del que va a trabajar menos y ganar más. No, si buena no soy, qué se han creído): "Trabajo hay".
Pero vamos al grano, como dijo el dermatólogo.
Lo que me pasó -como corolario a este año de mierda en que se me murió hasta el perro- es que hubo otra baja en la familia.
Hace como un mes que venía avisando, avisando, avisando. Yo me hacía la loca. No le tiraba pelota. La clásica actitud del negador, dirán ustedes, pero qué quieren; yo no sé ser de otra manera.
Pero bueno, hace un tiempo que yo andaba me van a echar, me van a echar, me van a echar... y zuácate, me echaron. Y hace como una semana le dije a mi hija, en un aparte, para que el aludido no escuchara, este a la Navidad no llega. Y así fue. No se imaginan cuánto odio esta facultad premonitoria que Dios me dio.
Y nos dejó.
Nos acompañó durante 15 años, pero ahora él está en el Cielo de los Televisores.
Ustedes podrán argüir, para consolarme, que no importa porque la programación de la TV es una soberana mierda y hasta puede que les encuentre razón, pero eso no llena el enorme hueco que nos dejó su partida. Una porque era tele grande y otra porque la casa se siente enorme, fría (desde un punto de vista no temperaturo-climático) y silenciosa sin él.
Así que, ni corta ni perezosa, partí a comprar uno nuevo.
Hice una inspección ocular del lugar de los hechos (como cinco lugares de los hechos) y luego, envalentonada, me agencié un vendedor y le dije "quiero ése", mientras indicaba una de esas cosas flacas que venden ahora y que ni para nombre les alcanza. Puras letras. LCD, LED... qué sé yo.
Me fui para la casa rapidito porque ya iba a empezar "¿Quién quiere ser millonario?"
Hasta un taxi tomé para no andar haciendo ostentación de mi poder adquisitivo.
No voy a mencionar que me apreté los dedos en la puerta del auto para que no crean que soy una imbécil, y para que no especulen acerca de con qué estoy escribiendo en estos momentos, pero ojo, si llegara a mencionarlo sería otra contundente prueba en contra de este año.
Lo concreto es que llegué a la casa.
No indemne, pero llegué.
Y con el coso ese con letras.
Más contenta que unas Navidades (porque unos argentinos se rieron de mí una vez porque acá a la Navidad le decimos Pascua, y comemos pan de pascua, y tenemos Viejito Pascuero, mira cómo son), abrí, armé, enchufé y ¡chaaaaaan!... SIN SEÑAL. Todo lo que vi en la pantalla de ahí en adelante, y por las siguientes 24 horas fue SIN SEÑAL.
Mientras yo me sumía en la más negra depresión de color azul mirando la pantalla, Mariel recorrió la ceca y la meca digital preguntando en cuanta cuestión existe en internet, para llegar finalmente a la conclusión que
A) había que tener antena
B) había que tener TV cable
C) había que comprar otros aparatos para que sonara como la gente

Y ahí vino la decisión draconiana: HAY QUE DEVOLVERLO.

Ya. Pero entonces en mi cabeza la cosa pasó de draconiana a kafkiana, llegando incluso por momentos a tomar ribetes dantescos, porque, ¿ustedes saben lo que cuesta devolver las cosas que uno compra en este país?

Entonces delineamos un  plan de acción.

No quiero dar la lata con todos los argumentos y contraargumentos que barajamos.
Baste decir que estábamos decididas a todo. Incluso a invocar la Ley de Defensa del Consumidor, al SERNAC, a los tres años de Derecho cursados por Mariel y a que mandaríamos cartas a los diarios y llevaríamos las cámaras de al menos tres canales de TV si era preciso.
Acto seguido, nos amarramos una vincha a lo Rambo, agarramos el armatoste SIN SEÑAL, y partimos.

Tamaña sorpresa (como de este porte, más o menos) nos llevamos cuando, sin más trámite que el que depara escribir estas líneas, revisaron que a la cosa no le faltara nada y luego procedieron a devolvernos la plata.
Lo único que me fregó un  poco la cachimba fue que el vendedor me dijo, después que le expliqué lo que había pasado o mejor dicho lo que no había pasado, "aaaaah, usted creyó que estaba comprando un televisooooor". Sí, pedazo de imbécil. Eso fue lo que te pedí ayer. Pero, vil testaferro de esta sociedad consumista, amparado en mi profunda ignorancia, fuiste incapaz de hacerme cualquier tipo de advertencia. Advertencia que me habría evitado 1. constatar una vez más mi ignorancia, 2. aumentar mi desilusión respecto a los aparatos de ahora, 3. apretarme los dedos en la puerta de un auto, 4. tener que presenciar el triste espectáculo de ver tu cara dos veces en 24 horas y 5. tener que comerme todo el texto argumentativo que tenía preparado en contra aquellos que conculcan (¿digo bien?) los derechos del consumidor, pensé mientras el tipo anulaba la boleta, tecleaba en una máquina y me pasaba las 120 lucas.
A continuación, pletóricas de satisfacción luego de haber ganado la guerra sin gastar ni una sola bala e imbuidas del espíritu consumista que reina por estas fechas en el mundo cristiano occidental, nos dedicamos a recorrer un montón de tiendas preguntando por televisores, pero televisores en serio.

Como a las 9 de la noche decidimos volver a casa. Una porque ya empezaban a cerrar y otra porque en todas partes nos dieron la misma excusa: No hay. "Hace como dos años que ya no se fabrican".
¡Ja! Como si les fuéramos a creer.
Apenas pasen las fiestas, parto al Barrio Franklin y dejó los pies en el Persa Bío-Bío si es preciso, pero SIN UN TELEVISOR NO VUELVO.

Menos mal que para mientras tanto todavía nos queda el que tanto le insistí a mi ex marido que se llevara cuando se fue.
Pero claro, nunca nunca nunca me hizo caso.
En nada.

sábado, 17 de diciembre de 2011

¡Perdooooooón! ¡Perdoooooooooooooón! Cuando no me fafalta me zozobra

Lo peor de acostarse a las 10 de la noche es que al otro día uno despierta a las 4 y media de la mañana.
Y para colmo amanecí con una día fija; la que, nemine discrepante, procederé a exponer a continuación.
Como ya saben, nunca recomiendo nada a nadie. Jamás. Básicamente porque tengo gustos muy muy muy particulares y porque quién soy yo, de qué me las doy para andar recomendando cosas. Aparte introduciríamos el concepto de asimetría en nuestra relación y, por favor, me paso toda la semana ejerciendo el liderazgo y exhortando a una tropa de imberbes a que hagan o dejen de hacer cosas, así que déjame vivir un fin de semana simétrico y en paz, si no es mucha molestia.
Pero este fin de semana es especial.
Es especial porque ayer estuve conversando con una fuente no muy informada que... a ver, para... Antes de que empieces con tus benditas objeciones, déjame aclararte algo de entrada: ¿estás en condiciones de asegurar que en el Siglo de las Luces eran todos unos iluminados?
¿Muy muy muy ilustrados, quizás?
¿Que taaaaan razonables eran los franceses de la Era de la Razón si terminaron con una revolución?
Aaaaaaah, entonces aguántate un metro antes de venir a menoscabar mis fuentes no muy informadas, por más que estemos en la Era de la Información.
Prosigo.
Según mi fuente, están agarrando a todos los conscriptos que antes de ingresar a cumplir con el Servicio Militar yacían con manceba en estado de concubinato -máxime habiendo nacido uno o más vástagos producto de esta relación- y los están haciendo casarse. Con la manceba de cada uno, obvio.
"¿Y?...  Bien", dije yo, que puedo ser lacónica y conservadora sinultáneamente si me lo propongo.
"Es que después los van a mandar al norte", aseveró Fuente un tanto acongojada.
"... porque va a haber guerra con Bolivia", agregó al ver que yo ni me inmutaba.
Antes de que alcanzara a salir de mi inmutismo, porque me tomo las cosas con calma, Fuente me ametralló con info apocalíptica que cualquier persona sensata habría echado en saco roto, pero, a medida que Fuente iba armando una figura -bélica- con Lego yo iba poniendo los bloquecitos que le faltaban.
Fuente: Entonces, por el asunto de la salida al mar.
Yo: Aaaaah, claro (silencio). Acabo de leer en El Mercurio que el gobierno boliviano asegura que el próximo año van a hacer una tercera demanda formal en contra de Chile (silencio). Y la tercera es...
Fuente y Yo: (a coro, quedo pero muy expresivo y con cara de Moisés luego de recibir las Tablas de la Ley)... ¡la vencida!
Yo: Y además el que avisa no es trai... (silencio)... dor (imperceptiblemente decepcionada).
Fuente: Y la va a costear Chávez.
Yo: Uuuhhh, ése siempre nos ha tenido envidia y para peor odia a la derecha en general y a Piñera en particular. Además está forrado en plata por lo del petróleo, con un pie en la tumba por lo del cáncer y... (angustia de quien tiene conocimiento empírico de la situación)... está separado de su mujer hace años y va a preferir gastarse todo en mujeres, drogas, que en eso ya está, por lo de la enfermedad, y guerras antes que dejarle un solo petrobolívar a su ex!
Fuente: Ydespués va a entra Perú.
Yo: Aaaaaaaah, esos son otros que bien bailan (véase "Guerra contra la Confederación Perú - Boliviana" y "Guerra del Pacífico"); y si de baile se trata, una de cada seis manos que mecen la cuna en Chile es peruana.
Fuente: ¿...?
Yo: "La mano que mece la cuna"... la película...
Fuente: ¿...?
Yo: ... la de la nana psicópata... ésa que fue bien famosa...
Fuente: (con alzamiento de ceja) ¿....?
Yo: (entrando en desesperación) ... con una actriz rubia... no sé cómo se llama.
Fuente: Aaaaah, la del conejo.
Yo: (molesta) No. Esa es Glenn Close (silencio). Bueno, no importa. Lo que digo es que una de cada seis empleadas domésticas es peruana... Lo leí en El Mercurio.
Fuente: Ah...
Yo: (se acuerda de algo y agara vuelo)... Uuuuy, y además está quedando la cagada en Europa. Claro, a ellos nomás se les ocurre que eso de la moneda única podía resultar. Aparte, además del descalabro económico, nunca pude jugar con mi hija a "¿Cuál es la moneda de...?" con países europeos. ¿Y en Estados Unidos? ¿Supiste que Obama está con elquetejedi a dos manos porque ahora que tiraron la raya para la suma resulta que la gracia de la invasión a Irak les costó TRILLONES de dólares? ¿Y el producto interno bruto per capita en España?, (hablando atropelladamente)  resulta que el producto interno bruto per capita en España cayó al nivel del que tenían hace 9 años,  y en Inglaterra hay ollas comunes en las calles, y (con lágrimas aflorando) la gente le rompe las patitas a sus mascotas para cobrar los seguros... (solloza)... y tanta gente indignada... ¿Tú crees que alguien se va a andar preocupando si en este confín del mundo se arma una guerra?
Fuente: Ajá...
Yo: (con un hilo de voz) Lo leí en El Mercurio...
Fuente: Mmmmm...
Yo: (recomponiéndose) Lo que pasa es que en el colegio están suscritos a El Mercurio. Llega todos los días. Es un poco facho, pero es el único diario que llega... ¿qué quieres? ¿que llegue The Clinic?... me encantaría, pero se trata de un colegio, ¿mentendí?... Opus Dei, para peor... Y no, no es que tenga todo el tiempo del mundo para instalarme a leer el diario, pero (usando artillería pesada) por la naturaleza de mis funciones debo mantenerme informada, no como otros que ni se han enterado que el cine ahora es sonoro. Además estoy a cargo del Diario Mural y quise darle un giro. Un giro hacia la interactividad. Entonces... ¡y qué tengo que estar dándote explicaciones!

Ahí se armó la grande.

Y por eso me vi en la "obligación" de acostarme a las 10.

Y por eso quiero hacer una excepción en mi modus vivendi y recomendarte a ti, joven chileno, y a ti, que ya no estás tan tan tan joven pero que todavía algún amago de guerrear haces, y que te encuentras en Santiago de Chile o en su defecto a tiro de cañón de esta ciudad que nada tiene que envidiarle a las principales capitales del mundo, que salgas y las disfrutes antes de que fuerzas enemigas la invadan.
Te arengo a que comiences esta misma tarde y que dirijas tus pasos al Centro Cultural GAM.
Si eres mayorcito, como yo, seguramente te preguntarás qué diablos es el GAM, y si tu espíritu inquisitivo te conduce a traspasar el umbral, como yo, y a preguntarte de dónde vendrá esta maldita costumbre de hablar en siglas, te explico:  el GAM es el Centro Cultural Gabriela Mistral. ¿Tampoco te suena? Bueno eso significa que quizás hace poco -uno o dos lustros... ok, tres a lo sumo- pasaste la barrera de los 30, como yo, y que conociste el recinto como Edificio Diego Portales. Pero se quemó, ¿te acuerdas, como yo, de que se quemó? Bien, lo remodelaron e hicieron un bello centro cultural. O sea, yo supongo que debe ser bello, porque al centro no voy hace muchísimo tiempo. En serio, hace más de dos años que no voy al centro. Pasa que caí en un período de... cómo te explico... de enclaustramiento, de aislamiento, de autoexilio, de ostracismo... y me enclaustré, aislé, autoexilié, ... ostracé y embrutecí con el trabajo. Que además queda para el otro lado. ¿Ahora sí te acordaste? ¿No? Bueno, no hay prblema: el GAM, a.k.a. Centro Cultural Gabriela Mistral, ex Edificio Diego Portales, en los albores de la década del 70 fue conocido como UNCTAD III ya que se construyó con motivo de la Tercera Conferencia Mundial de Comercio y Desarrollo de la Naciones Unidas, cuyo discurso inaugural fuera pronunciado por el presidente Salvador Allende y en el que se refirió a, cito, "el problema más grave del mundo: la condición subhumana en que vive más de la mitad de sus habitantes". Detengámonos un segundo en las palabras del doctor... nadie puede negar que desde aquella época hemos avanzado bastante... ahora es más de las tres cuartas partes del mundo.
Si usted, amiguito, está de acuerdo con lo que acabo de decir, significa que no es de derecha ni de centro derecha, ni de centro ni de centro centro, como yo.
Y si ahora que le nombré la UNCTAD entendió perfectamente dónde queda el GAM, qué 30 ni qué 40, usted hace rato que pasó los 50, como mi tío Alberto.
Ah, y la siutequería de las siglas nos llegó de Buenos Aires.
Continúo.
Y ya con ansias de terminar porque me metí en un berenjenal.

Hoy  en el GAM... ¿les molesta si digo GAM para hacer la corta?...Ok, hoy y mañana en el GAM, aunque en realidad se inauguró ayer a las 7 de la tarde, hay una FERIA DEL LIBRO.

¡¡¡¡¡Buuuu, fueraaaa!!!!! ¡ODIO LAS FERIAS DEL LIBRO!
Todas, sin excepción. La de acá, la de Buenos Aires, la de Guadalajara, la de Frankfurt, la de Constantinopla. TODAS.
Y por un rato odio también a la gente que va. Pero más odio a la gente que grita a los cuatro vientos que a ir y después va. Pero con la que definitivamente me acriminaría es con la que te dice, "¿no fuiste a la Feria del Libro?", y ante la negativa de uno cierran con "aaaaaahhh", que traducido es,  "qué lástima, pobre inculta", en circunstancias que no agarran un libro en todo el año.
Lo digo de una vez, así me lapiden los fabricantes de libros: no confundamos la pasión por la lectura con la pasión por comprar libros.
Isabel Allende, Paulo Coelho, Hernán Rivera Letelier: ¡VAYAN A TRABAJAR!

Pero esta feria del libro es otra cosa. Claaaro, otra cosa. No me voy a tomar la molestia de escribir todo este choriza que ya se me fue de las manos para andar recomendando huevadas. No, señor.
Esta es una FURIA DE LIBRO.
¿Se entiende?
¿Se entiende la figura retórica de la ironía?
¿Sí?

Yo altiro me imaginé un libro del tamaño del Tío Escafandra, con piernecitas y brazitos, golpeándose el pecho como King Kong y comiéndose las cabecitas, como si fueran conejitos de chocolate en Pascua de Resurrección, del 84 por ciento que no entiende lo que lee, según El Mercurio, pero me avisa mi asesor en Panoramalogía que se trata de una exposición de editoriales independientes, que me encantan porque son como jugadas. Como que van y ponen plata por cualquier pelotudo, cuando toda la evidencia lógica indica que no hay que hacerlo. Cosa que yo he hecho toda mi vida y no pienso desviar el rumbo. ¡Bien por las editoriales independientes!
Aparte son como re locas. Mira, un ejemplo: ¿Qué numeral ordinal tiene esta furia del libro?
¿Primera?
Frío, frío.

¿Segunda?
Frío, frío.

¿Tercera?
Caliente.

¡Cuarta!
No, te pasaste. Es la 3,5 Furia del Libro. ¿Es loco o no es loco? ...Es.

¿Y los nombres?
Cáchense los nombres: Chancacazo Ediciones. Editorial Cuneta (¡jajaja!, sólo para chilenos). Grieta Garbo Ediciones... Noooo, se pasaron. ya con esto me doy por pagada, que además es gratis y empieza como a las 3 de la tarde, Metro Estación Universidad Católica, No Universidad de Chile Campeón, no la Cato, que no le han ganado a nadie y son unos clasistas de mierda.

Yo no creo que vaya porque tengo que ir al supermecado a comprar víveres no perecibles, agua velas, fósforos y pilas.

¡Actualizaciooooón, actualizaciooooón!
¡Momento, momento!
No te vayas todavía, por favorcito. Si fuiste capaz de llegar leyendo hasta acá, cómo vas a ser tan vaca de no leer este par de líneas, ¡m.....ón!
Se me quedaba en el tintero digital la parte más importante: en la Furia del Libro vas a poder comprar la saga -parcialmente o en su totalidad, problema tuyo- Zombies en La Moneda.
Eso nomás te digo.
Yo no lo entiendo pero sé que hay cualquier cantidad de gente que se muere por los zombies.

Adiós

jueves, 15 de diciembre de 2011

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Dioslexia

(...)Y menos quiero que un día
me la vayan a hacer reina.
La subirían al trono
adonde mis pies no llegan
Cuando viniese la noche
yo no podría mecerla...
Yo no quiero que a mi niña
me la vayan a hacer reina.
(Miedo, Gabriela Mistral)




El otro día tuve que ir a misa.

Y al primero que me diga "¿pero, cómo?... si en el último censo declaraste ser 'no católica'... ¡Inconsecuente!... ¿Y la Inquisición?... ¿Y las bulas?... ¿Y los curas pedófilos?... ¿Y cómo es eso de tuve que ir?... ¿Qué se fizo el Libre Albedrío?...", lo mando desalojar. Ganarse el puchero nuestro de cada día bien vale una misa.

La misa en cuestión era por los alumnos de Octavo Básico, que pasaron a mejor vida: el próximo año, en Primero Medio, ya no tendrán que usar cotona (ellos) ni delantal (ellas).

Del sacerdote oficiante se podría haber dicho cualquier cosa. Pero en serio, cualquier cosa. Excepto que su lengua materna era el castellano. O que lo que sabía lo aprendió en una noche fogosa entre los hercúleos brazos de un monolingüe marino mercante chileno, en una maloliente habitación de una pensión de puerto europeo, iluminada apenas por una luz mortecina, por allá por la década del 50. Aunque por esto último no me la jugaría.

A su favor declaro que oírlo era una caricia para mis huesecillos que aún no se acostumbran a la horrísona habla chilena. Y eso que nací acá. Y hablo en chileno.

En plena Homilía, estaba yo semi adormecida entre sonidos faríngeos, uvulares y glotales cuando de pronto el curita dice:

- Díos tiene pguépagado paga ústedes un togno...

Y ahi se me armó, se me formó un oooooh, my loove, Demi, my darling, Arcilla (suspiro) I've hungered, Patrick, for your tou... ¡Pucha que es paleteado Dios!

- ... un tgono...




Al rato vino la Profesión de fe, pero ¿me quiere alguien explicar para qué quiere uno un trono?

viernes, 2 de diciembre de 2011

"Atención, señoras y señores, un momento de atención:"

Y bien, ¿les dije o no les dije que el mal endémico de este país son los poetas?
Claro, lo dije, pero ustedes como si lloviera.

Bueno, les perdono todo.
Básicamente porque no tengo idea quiénes son ustedes.

Y para celebrar a Nicanor Parra y estas luquitas extra que le llegarán desde España por lo del Premio Cervantes (que, digo yo, el tipo tiene casi 100 años, ¿para qué lo van a hacer esperar hasta abril? Háganle una paleteada y mándenle los morlacos ahora, ¡ya!... capaz que después quede feo... Aparte ni siquiera se va a dar la lata de ir para allá. Y yo lo entiendo. A los 90 y tantos uno no abandona su ranchita en un pueblito costero del Pacífico para andar subiéndose a esos pájaros de acero que desafían hasta la lógica de los dos dedos de frente, ¿no? Bueno, no sé. Puede que esto tenga que ver con mis sueños de acabar mis días en un pueblito costero y no a lo Gardel. Por otra parte, ¿para qué quiere uno plata después de los 80?),  damen und herren, una andanada de ANTIPOESÍA A MANSALVA:


“Atención, señoras y señores, un momento de atención:


Volved un instante la cabeza hacia este lado de la república,

Olvidad por una noche vuestros asuntos personales,

El placer y el dolor pueden aguardar a la puerta:

Una voz se oye desde este lado de la república.

¡Atención, señoras y señores! ¡un momento de atención!”

(de “El peregrino”)


“Ha llegado la hora de modernizar esta ceremonia

¡Y yo entierro mis plumas en la cabeza de los señores lectores!”




“HASTA CUANDO

SIGUEN FREGANDO

LA CACHIMBA

Yo no soy derechista ni izquierdista

yo simplemente rompo con todo”

(Artefactos)



“USA

Donde la libertad

es una estatua”

(Artefactos)



“Dime cuáles son para ti

las 10 palabras más bellas de la lengua castellana

y te diré quién eres”



“Creo en un + allá

donde se cumplen todos los ideales

Amistad

Igualdad

Fraternidad

excepción hecha de la Libertad

ésa no se consigue en ninguna parte

somos esclavos x naturaleza”

(“Poesía política”)




“Los civiles son gente uniformada

también”



“Chile fértil provincia

hacienda con vista al mar

administrada x su propio dueño”



“La tortura no tiene por qué ser sangrienta

a un intelectual por ejemplo,

basta con esconderle LOS anteojos”



“Chile fue primero un país de gramáticos

un país de historiadores

un país de poetas

ahora es un país de... puntos suspensivos”



“¿Hasta cuándo señor hasta cuándo?

¿Siempre se ha de sentir

lo que se dice?

¿Nunca se ha de decir

lo que se siente?”

(“CHISTES PARrA DESORIENTAR A LA POLICÍA”, 1983)

martes, 29 de noviembre de 2011

¡Póngale wendy!

Basta de lloriquear por no llegar a fin de mes. No lleguemos, pero con estilo.
Estilo sandunguero.


Consejos para llegar a los 100 años

Dieta mediterránea, una copa de buen tinto al almuerzo, caminar 60 minutos al día y conservar los rencores a temperatura ambiente...



para romperle la crisma a tu archienemigo así hayan pasado 50 años del "asunto" ese.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Espérense a que les cuente...

Hace unos días cayó en mis manos un cuentito del que me enamoré a primera vista. Lo busqué en internet, pero no encontré ninguna traducción al castellano. Así que agarré e hice una traducción en la que, con premeditación y alevosía, confundí libertad con libertinaje. Si tradujeron One flew over the Cuckoo's nest como Atrapados sin salida, ¿por qué yo no?
Igual, que me perdone la sucesión William Sydney Porter, el Sagrado Derecho de Autor, Dios y la Virgen.


El rescate de Jefe Rojo, O. Henry (1862 – 1910)


La cosa pintaba bien, pero espérense a que les cuente. Bill Driscoll y yo estábamos en el sur, en Alabama, cuando se nos ocurrió la peregrina idea del secuestro. Fue, como dijo Bill, "un momento de locura temporal", pero no nos dimos cuenta hasta después..

Por esos lares había un pueblo más plano que la palma de la mano - pero que se llamaba La Cumbre, obvio- habitado por unos campesinos más flojos que el hueso de la frente.

Con Bill teníamos un capital de unos 600 dólares, y necesitábamos otros 2 mil para un “negocito” de tierras que pensábamos hacer en Illinois. Lo hablamos en la escala del hotel. Comentamos que el amor paternal es fuerte en las comunidades agrarias. Por esto y por otras razones semejantes, un proyecto de secuestro debía allí andar mejor que en esas partes donde los medios mandan periodistas encubiertos para ver qué se teje. Sabíamos que en la Cumbre a lo más podrían perseguirnos con la policía local, algunos sabuesos de medio pelo y uno que otro ataque en “El Clarín Campestre”. Así que la cosa pintaba bien.

Seleccionamos como víctima al hijo único de un empingorotado ciudadano llamado Ebenezer Dorset. El tipo era respetable y austero; un prestamista y cobrador que aparte recogía la limosna en la iglesia. El chico tenía siete años, pecas y cabeza de cobre. Bill y yo pensamos que el tal Ebenezer se ablandaría si le pedíamos un rescate de dos mil dólares. Pero espérense a que les cuente.

A unas dos millas de La Cumbre había un cerro con un tupido bosque de cedros. En el lado de atrás había una cueva. Ahí almacenamos las provisiones. Una tarde, después de la puesta del sol, pasamos en coche (Nota de la traductora: en un coche tirado por caballos, porque este cuento es de cuando la gente andaba en coches tirados por caballos) frente a la casa de Dorset. El chico estaba en la calle, tirando piedras a un gato en la cerca de enfrente.

-¡Oye, niño!- le dijo Bill- ¿quieres una bolsa de dulces y salir a dar una vuelta?

El niño le dio justo en un ojo con un pedazo de ladrillo.

- Esto le va a costar al viejo 500 dólares extra- masculló Bill, bajándose del coche

El crío opuso más resistencia que mono con navaja, pero al final conseguimos meterlo dentro y rajamos.

Llegamos a la cueva, desenganché el caballo y lo dejé en el bosque. Al anochecer, lo enganché de nuevo y me fui al pueblo a devolver el coche adonde lo habíamos arrendado. Después me volví a pie.

Cuando llegué, Bill estaba poniéndose unos parches curita en los rasguños y contusiones de la cara. El chico, con dos plumas en su cabeza pelirroja, daba saltos alrededor del fuego en que hervía el café. Cuando me vio, me apuntó con el palo que tenía en la mano y gritó:

- ¡Aaah!, ¡maldito carapálida! ¿Cómo osas entrar al campamento del Gran Jefe Rojo, Terror de los Llanos?

- Ahora se está portando bien -me dijo Bill, mientras se examinaba unos moretones en las canillas-, estamos jugando a los indios y la verdad es que lo de Búfalo Bill es una película de Disney comparado con esto. Se supone que soy Hank, El Trampero, caí en las garras del Gran Jefe Rojo y al amanecer me arrancará la cabellera. Te juro por Toro Sentado que este crío patea como mula.

Sí, señor, ese chico parecía estar pasando el mejor momento de su vida. Con la diversión de acampar en una cueva ni se acordaba de que estaba secuestrado. Inmediatamente me bautizó como Ojo de Serpiente, El Espía y anunció que, apenas saliera el sol y regresaran sus guerreros que andaban guerreando por ahí, yo iba a ser asado en la hoguera.

Después comimos. El crío se llenó la boca de pan con jamón y kétchup, y sin dejar de masticar nos tiró un discurso más o menos así:

- Me gusta esto. Nunca había acampado, pero una vez tuve una zarigüeya como mascota y ya tengo siete años. Odio la escuela. Los ratones se comieron dieciséis huevos de las gallinas de la tía de Jaimito Talbot. ¿Hay indios de verdad por aquí? Quiero más kétchup. ¿Los árboles hacen viento cuando se mueven? Una vez tuvimos cinco perritos. ¿Por qué tienes la nariz roja, Hank? Mi papá tiene mucha plata. ¿Las estrellas son calientes? Le aforré dos veces a Edu Walker el sábado. No me gustan las niñas. Si no tienes un cordel, no se puede cazar sapos. ¿Hacen ruido los bueyes? ¿Por qué las naranjas son redondas? ¿Hay camas en esta cueva? Pepe Murray tiene seis dedos en un pie. Los loros pueden hablar, pero los monos y los peces no pueden. ¿Cuánto es una docena?

En eso se acordó de que era un malvado piel roja, tomó el palo como si fuera un rifle y se fue sigilosamente a la entrada de la cueva para ver si venían los asquerosos exploradores cara pálida. Entonces lanzó un alarido de guerra que le paró los pelos a Hank, El Trampero. Ese muchacho había aterrorizado a Bill desde el principio.

- Gran Jefe Rojo –le dije-, ¿Quieres irte a casa?

-¿Y para qué? – contestó-, en mi casa me aburro, odio la escuela y me gusta acampar. Ojo de Serpiente no me va a llevar de vuelta a casa, ¿no es cierto?

- No todavía. Por ahora nos vamos a quedar aquí en la cueva.

- ¡Bieeeeeen! ¡Nunca me había divertido tanto en toda mi vida!

Nos acostamos a eso de las once. Extendimos unas mantas y unos cubrecamas y pusimos a Jefe Rojo entre nosotros dos. La verdad es que no temíamos que huyera. Nos mantuvo tres horas despiertos. Saltaba, agarraba su rifle y nos decía al oído “¡silencio, quietos!” cada vez que el crujido de una rama o el susurro de una hoja dictaba a su fértil imaginación que una banda de maleantes se acercaba. Por fin me pude dormir. Tuve un sueño inquietante. Soñé que había sido secuestrado y encadenado a un árbol por un feroz pirata de pelo rojo.

Justo cuando empezaba a amanecer, me despertó una serie de ruidos horribles provenientes de Bill. No eran propiamente gritos, o aullidos, o alaridos, o bramidos como los que te podrías esperar que provinieran de los órganos vocales de un hombre bien hombre; eran simplemente unos indecentes, espeluznantes y humillantes chillidos como los que dan las mujeres cuando ven una araña o una oruga. No es una cosa agradable escuchar a un hombre grande chillando como damisela, en una cueva, al rayar el alba.

Me levanté de un salto a ver qué diablos pasaba. Jefe Rojo estaba sentado en el pecho de Bill. Con una mano le tenía agarrado el pelo, en la otra sostenía el afilado cuchillo con el que habíamos cortado el jamón, y con serio realismo trataba de arrancar el cuero cabelludo de Bill, tal como indicaba la sentencia dictada la tarde anterior.

Le quité el cuchillo y lo mandé a acostarse de nuevo, pero a partir de ese momento Bill se quebró. Aunque se acostó a un lado, no volvió a pegar los ojos en todo el tiempo que el chico estuvo con nosotros. Yo dormité un rato, pero de pronto recordé que Jefe Rojo me había sentenciado a la hoguera al amanecer. No es que estuviera nervioso o con miedo, pero me incorporé, encendí la pipa y me apoyé en una roca.

- ¿Para qué te levantas tan temprano, Sam? –me preguntó Bill.

- ¿Yo?... Es que me duele el hombro… Pensé que si me levantaba se me podía pasar.

- ¡Mentira! Tienes miedo. Serías quemado al amanecer y tienes miedo que él cumpla. Y claro que lo haría si encontrara un fósforo. ¿No es terrible, Sam? ¿Crees que alguien va a pagar para que una fiera como ésta vuelva a casa?

- Seguro- le contesté-, los padres se vuelven locos con chicos traviesos como éste. Ahora tú y el Gran Jefe Rojo se van a levantar y van a preparar el desayuno mientras yo subo el cerro para hacer un reconocimiento del terreno.

Subí a la cima y dejé correr mis ojos por la vecindad. La verdad es que para el lado de La Cumbre esperaba ver a los residentes enarbolando instrumentos de labranza y aprestándose a peinar la zona en busca de los malditos bastardos secuestradores de niños, pero todo lo que vi fue un pacífico panorama salpicado por un hombre arando con una mula parda. Nadie estaba dragando el riachuelo, ningún mensajero iba de aquí para allá llevando ninguna noticia para los padres. Una silvestre somnolencia reinaba en aquella porción de la superficie de Alabama que se extendía ante mis ojos. “Quizás”, dije para mis adentros, “aún no se han percatado de que los lobos han llevado lejos de casa al tierno corderito”. “¡Que Dios ayude a los lobos!”, dije, y bajé a desayunar.

Cuando llegué a la cueva, encontré a Bill de espaldas a la pared, respirando con dificultad, y al niño amenazándolo con aplastarlo con una piedra del tamaño de un coco.

- Me echó una papa hirviendo por la espalda -me explicó Bill- y después la hizo puré con el pie. No tuve otra que darle un sopapo. ¿Andas con algún arma encima, Sam?

Tiré la piedra lejos y traté de calmar los ánimos.

- Ya vamos a arreglar cuentas los dos –dijo el niño a Bill -, ningún hombre le ha pegado a Jefe Rojo y se la ha llevado gratis. ¡Cuídadito!

Después del desayuno, sacó del bolsillo un pedazo de cuero envuelto en unas tiras y salió de la cueva desenrollándolo.

- ¿Qué estará tramando ahora? –dijo Bill con ansiedad-, ¿no estarás pensando que se va a fugar, ¿no, Sam?

- Nada que ver –le contesté-, ¿acaso te parece muy hogareño? Lo que tenemos que hacer es organizar el plan del rescate. No parece haber mucha angustia en La Cumbre por su desaparición, pero quizás todavía no se han dado cuenta. La gente puede pensar que se quedó a dormir en casa de tía Jane o de algún vecino. De todos modos, hoy lo van echar de menos. Esta noche tenemos que enviarle un mensaje al padre exigiéndole los dos mil dólares del rescate.

Entonces oímos una especie de grito de guerra. Un grito de guerra como el que David debe haber lanzado cuando noqueó al campeón Goliat. Lo que Jefe Rojo había sacado de su bolsillo era una onda y ahora la estaba revoleando sobre su cabeza.

Me hice a un lado y oí un ruido sordo y una especie de suspiro de Bill. Como el de un caballo cuando le sacan la silla de montar. Una piedra negra del tamaño de un huevo le había dado a Bill justo detrás de la oreja izquierda. Se le aflojó todo el cuerpo y empezó a caer en cámara lenta sobre el fuego en que estaba el agua hirviendo para lavar los platos. Lo arrastré como pude y le eché agua fría durante media hora.

Cuando se recuperó un poco, se sentó, se tocó detrás de la oreja y me dijo:

- Sam, ¿sabes cuál es mi personaje bíblico favorito?

- Tranquilo. Ya se te va a pasar.

- Herodes… No vas a volver a dejarme solo con esa fiera, ¿verdad, Sam?

Salí, agarré al chiquillo y le sacudí hasta las pecas.

- Si no te portas bien – le dije-, te voy a llevar directo a tu casa. Entonces, ¿te vas a portar bien o no?

- Estaba jugando, nomás – contestó sombríamente-. No quería hacerle daño al viejo Hank. Pero, ¿por qué tuvo que golpearme?... Bueno, me voy a portar bien, Ojo de Serpiente. Me voy a portar bien si no me mandan a casa y si me dejan jugar al Explorador Negro, por hoy.

- No conozco ese juego. Ponte de acuerdo con el señor Bill. Él será tu compañero de juegos hoy. Yo voy a salir un rato por unos asuntos. Ahora entra y háganse amigos, dile que sientes mucho haberle hecho daño, o te llevo a casa ahora mismo.

Conseguí que se dieran la mano. Después me llevé a Bill a un lado y le dije que iba a Poplar Cove, un pueblito a 3 millas de La Cumbre, para averiguar si se sabía algo del secuestro. Además pensé que lo mejor era enviarle una carta perentoria al viejo Dorset, exigiéndole el pago y diciéndole cómo debía hacerlo.

- Tú sabes, Sam –me dijo Bill-, que he estado contigo sin que se me moviera un pelo en terremotos, incendios, inundaciones, partidas de póker, atentados con dinamita, redadas policiales, robos de trenes y ciclones. En salud y enfermedad. Nunca perdí la sangre fría hasta que secuestramos a este petardo con patas. Pero él me saca, Sam. ¿No me vas a dejar mucho rato solo con él?

- Voy a volver en la tarde –contesté-. Tú trata de mantener al chico entretenido y tranquilo hasta que yo vuelva. Ahora vamos a escribir la carta para el viejo Dorset.

Tomamos lápiz y papel y pusimos manos a la obra, mientras Jefe Rojo, envuelto en una manta, se pavoneaba de un lado a otro en la entrada de la cueva. Bill me suplicó entre lágrimas que rebajara el precio del rescate a mil quinientos dólares.

- No es que no crea en el famoso amor paternal –me dijo-, pero estamos tratando con gente. Y no es de gente soltar dos mil dólares por estas cuarenta libras de gato montés con pecas. Estoy dispuesto a conformarme con mil quinientos dólares. Si quieres, me puedes descontar la diferencia.

Así que, para la tranquilidad de Bill, escribimos la siguiente carta:
Sr. Ebenezer de Dorset

Tenemos a su hijo escondido en un lugar lejos de La Cumbre. Es inútil que usted y los detectives más hábiles traten de encontrarlo. La única manera de que usted pueda tenerlo de vuelta es la siguiente: Exigimos mil quinientos dólares en billetes grandes para su liberación. El dinero tiene que ser puesto esta medianoche en la misma caja y en el mismo lugar que su respuesta, como se explica más abajo. Si está de acuerdo con estos términos, envíe su respuesta por escrito con un mensajero que vaya solo esta noche a las 8: 30 en punto. Después de cruzar Owl Creek, en el camino a Poplar Cove, hay tres árboles grandes a unos cien metros de distancia, cerca de la valla del potrero de trigo en el lado izquierdo. Al pie del tercer árbol  habrá una caja chica de cartón. El mensajero pondrá la respuesta en la caja y deberá regresar a La Cumbre inmediatamente.

Si intenta traicionarnos o no cumple con nuestras exigencias, nunca volverá a ver a su hijo.

Si paga el dinero que pedimos, él será devuelto sano y salvo a las tres horas. Estas condiciones no son negociables, si usted no las acepta no volverá a tener noticias nuestras.

Firman: Dos hombres desesperados
Dirigí la carta a Dorset y la puse en mi bolsillo. Cuando estaba por salir, el chico se acercó y me dijo:

- Oye, Ojo de Serpiente, tú dijiste que cuando te fueras yo podría jugar al Explorador Negro.

- Por supuesto. El señor Bill va a jugar contigo. ¿Cómo es ese juego?

- Yo soy el Explorador Negro –dijo Jefe Rojo- y tengo que cabalgar hasta la empalizada para avisarle a los colonos que vienen los indios. Ya me cansé de ser un indio. Ahora quiero ser el Explorador Negro.

- Muy bien –le dije-, me parece inofensivo. Supongo que el señor Bill no tendrá problemas en ayudarte contra esos malditos salvajes.

- ¿Qué tengo que hacer? –preguntó Bill, mirando al niño con desconfianza.

- Tú eres el caballo –dijo Explorador Negro-, agáchate, ¿o crees que voy a cabalgar hasta la empalizada sin caballo?

- Es mejor que lo mantengas entretenido hasta que pongamos en marcha el plan –le dije-. Relájate.

Bill se puso en cuatro patas. Tenía cara de conejo capturado en una trampa.

- ¿Está muy lejos la empalizada, niño? –preguntó con voz un poco ronca.

- A noventa millas –dijo Explorador Negro-. Y tienes que esforzarte por llegar a tiempo. ¡Arreeee!

El Explorador Negro saltó a la espalda de Bill y le clavó los talones en las costillas.

- Por el amor de Dios, vuelve tan pronto como puedas, Sam. Me gustaría no haber pedido más de mil por el rescate… ¡Oye!, deja de patearme o vas a ver lo que es bueno.

Caminé hasta Poplar Cove, me senté en el almacén que hacía de oficina de correos y me puse a conversar con los chewbaccas (“chawbacons” en el original. N. del T.) que entraban a comprar. Uno que se había caído al litro dijo que en La Cumbre andaba todo revuelto porque el hijo del viejo Ebenezer Dorset estaba perdido o había sido robado. Eso era todo lo que quería yo saber. Compré un poco de tabaco, hice un comentario acerca del precio de las arvejas, eché la carta disimuladamente y me fui. El administrador de correos dijo que el cartero que iba a La Cumbre pasaría como en una hora.

Cuando volví a la cueva, Bill y el niño no estaban por ninguna parte. Los busqué en los alrededores, y hasta me atreví a dar uno o dos gritos tiroleses, pero ni luces.

Así que encendí mi pipa y me senté en el musgo a esperar los acontecimientos.

Como a la media hora, oí crujir unos arbustos. Bill, tambaleándose, apareció en el pequeño claro delante de la cueva. Detrás iba el niño, caminando como explorador ninja y con sonrisa de oreja a oreja. Bill se detuvo, se sacó el sombrero y se limpió la cara con un pañuelo rojo. El chico se detuvo a unos dos metros detrás de él.

- Sam –dijo Bill-, supongo que pensarás que soy un maldito bastardo, pero no pude evitarlo. Soy una persona adulta, con tendencias viriles y hábitos de autodefensa, pero hay un momento en que todos los sistemas de valores fallan. El chico se ha ido. Lo mandé a su casa. Todo se pudrió. Se fue a las pailas. Sonamos. Hasta aquí nomás llegamos. Kaput. Sé que en la antigüedad hubo mártires –continuó Bill- que prefirieron la muerte antes que renunciar a un jugoso negocio, pero ninguno de ellos fue sometido a las vejaciones que yo sufrí. Traté de ser fiel a nuestro Código del Pillaje, pero todo tiene un límite.

- ¿Qué pasó, Bill? –pregunté.

- Cabalgué las noventa millas hasta la empalizada sin flaquear ni una pulgada. Después, cuando los colonos fueron rescatados, me dio avena. La arena no es un buen sustituto de la avena, Sam. Entonces me tuvo una hora explicándole por qué no hay nada en los agujeros, cómo un camino puede tener dos direcciones y qué hace que el pasto sea verde. Yo te digo, Sam, que un solo humano no puede soportar tanto. Lo agarré del cuello de la camisa y lo arrastré cerro abajo. Por el camino, me llenó las piernas de moretones de las rodillas para abajo y tengo dos o tres mordiscos en la mano que voy a tener que cauterizar. Pero se ha ido. Se ha ido a su casa. Le mostré el camino hacia La Cumbre y le di una patada en el trasero. Siento que perdiéramos el rescate, Sam, pero era eso o que yo acabara mis días en el manicomio.

Bill jadeaba y resoplaba, pero en su sonrosada cara había una expresión de beatífica paz y creciente satisfacción.

- Bill –le dije-, no hay enfermedades al corazón en tu familia, ¿verdad?

- No, nada grave excepto malaria y algún accidente. ¿Por?

- Entonces echa un vistazo detrás de ti.

Bill se dio vuelta, vio al chico y perdió toda su presencia de ánimo. Se sentó en el suelo y empezó a arrancar hierbas y a recoger palitos. Durante una hora temí por su sano juicio. Después le expliqué mi plan para darle un corte definitivo al asunto. Si el viejo Dorset pagaba el rescate, nos iríamos a medianoche. Eso le devolvió a Bill el suficiente ánimo como para devolverle al niño una mueca que parecía sonrisa y la promesa de que iba a hacer de ruso cuando jugaran a la Guerra Japonesa, apenas se sintiera un poco mejor.

Yo tenía un plan que ya quisiera un secuestrador profesional. El árbol bajo el que debían dejar la respuesta, y más tarde el dinero, estaba a la izquierda, cerca de la valla del camino y en medio de un campo pelado. Si la policía estaba al acecho, me habrían visto desde lejos. Pero tranquiléin John Wayne, antes de las 8:30 yo ya estaría escondido en la copa del árbol, como una aguja en un pajar, esperando que el mensajero llegara.

A la hora señalada, un mozalbete se acercó pedaleando en bicicleta, localizó la caja, deslizó en ella una hoja de papel doblada, y se alejó pedaleando de vuelta hacia La Cumbre.

Esperé una hora. Cuando llegué a la conclusión de que la cosa andaba bien, me bajé del árbol, tomé la nota y me escabullí hasta el bosque. A la media hora estaba de vuelta en la cueva. Abrí la nota, acerqué la linterna y se la leí a Bill. Había sido escrita con pluma, una letra endemoniada y sustancialmente decía más o menos así:

Dos Desesperados Hombres

Señores:

Habiendo recibido vuestra carta por el correo del día y en la que se refieren al rescate de mi hijo, me parece que sus exigencias son un tanto elevadas. Por este medio, me permito hacerles una contra oferta que me inclino a pensar aceptarán sin dilación. Ustedes traen a casa a Johnny, me pagan doscientos cincuenta dólares en efectivo por sacarles el problema de encima y nos olvidamos del asunto. Será mejor que vengan de noche. Los vecinos creen que está perdido y no estoy en condiciones de hacerme responsable de lo que le harían a cualquiera que lo trajera de vuelta.

Muy respetuosamente,

Ebenezer Dorset
- ¡Por los Piratas del Caribe! –exclamé-, ¡qué tipo tan cara de palo!

Pero miré a Bill y vacilé. Tenía en sus ojos la súplica más persuasiva que jamás haya visto un ser humano en bestia muda o parlante.

- Sam –me dijo-, ¿qué son doscientos cincuenta dólares al fin y al cabo? Plata tenemos. Una noche más con este chiquillo y me van a mandar a comer maní al manicomio. Aparte de ser un perfecto caballero, creo que el señor Dorset es un derrochador al hacernos una oferta tan atractiva. No vamos a dejar pasar una oportunidad así, ¿no, Sam?

- A decir verdad, Bill –contesté-, esta pequeña oveja que de cordero no tiene un pelo, ha conseguido ponerme también los nervios de punta. Así que no tenemos más remedio que llevarlo a su casa, pagar el rescate y poner pies en polvorosa.

Partimos esa misma noche. Le dijimos que su padre le había comprado un rifle de verdad y unos mocasines de indio, y que al otro día íbamos a llevarlo a cazar osos.

A las doce en punto estábamos golpeando la puerta de Ebenezer. Justo a la hora en que yo debería haber estado recogiendo los mil quinientos dólares en la caja bajo el árbol según el plan inicial, Bill estaba contando doscientos cincuenta dólares y poniéndolos en la mano de Dorset.

Cuando el chico se dio cuenta de que lo íbamos a dejar allí, lanzó un aullido que habría puesto verde de envidia a María Callas y se aferró como sanguijuela a la pierna de Bill. Su padre lo despegó poco a poco, como a la tela emplástica.

- ¿Cuánto tiempo puede detenerlo? –preguntó Bill

- Bueh, ya no soy tan fuerte como solía ser –dijo el viejo-, pero creo que puedo prometer diez minutos.

- Suficiente –dijo Bill-. En diez minutos puedo cruzar los estados del centro, del sur, del medio oeste y calculo que estaré llegando a la frontera con Canadá.

Y a pesar de que la noche estaba oscura como boca de lobo, de que Bill no estaba lo que se puede decir “en forma” y de que nunca ha sido tan buen corredor como yo, cuando logré alcanzarlo ya estaba a su buena milla y media de La Cumbre.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Cosas que no le pasan nunca a nadie en la vida

Unos tipos, aparentemente Los Buenos, escapan en un auto negro que parece que ni toca el suelo.
Los Malos les pisan los talones.
Pero en serio, así como en Matrix.
Matrix 1, obvio. Porque que me perdonen los hermanos Wachini, pero en la 2 me dormí en plena escena de la persecución, y eso que estaba en tercera fila. Igual alego en defensa de los Wachini que era función de trasnoche y yo me levanto a las 6. Creo. Creo que en aquella época me levantaba a las 6. La 3 ni la vi.
De pronto, señoras y señores, el auto de los buenos vira con escándalo en una esquina y se enfrenta a boca de jarro con un muro insoslayable del que sólo se salva porque el conductor gira el volante y el auto queda como de coté.
El conductor asoma un brazo y traza un círculo con tiza en el muro, pero tiza negra.
Parece que tiza, tiza, lo que se llama tiza negra no era, porque sale como un humito y se le arma, se le forma -al muro- como un hueco. Un espacio, digamos, por si allá donde usted se encuentra leyendo esto la palabra "hueco" tiene una connotación homosexual y toca que se ofende, el perla.
En ese espacio, el conductor instala... ¡UNA BOMBA QUE HARÁ AÑICOS EL MURO!, grito yo para mis adentros cuando veo que el auto comienza a retroceder.
Entonces, y mira lo que son las bombas de última generación, comienza a sonar una... cómo te explico... ¿una sirena?... no... ¿una alarma?...sí, alarma es el nombre más apropiado. Empieza a sonar una alarma. Una, dos, tres, cuatro veces. El auto retrocede otro poco. Por lo de las esquirlas, digo yo. Cinco, seis, siete, ocho... acá se percibe una cierta agitación al interior del auto. Nueve, diez, onc...Pero, y atención que acá viene lo bueno, antes de que alguien alcance a formular un WTF!, me doy cuenta de que la alarma del reloj acaba de incorporarse a mi sueño, maldita sea.

lunes, 31 de octubre de 2011

Brujeando

Por supuesto que aquí no van a encontrar nada relativo a la fecha. ¡Qué se han imaginado!
Además en este lugar penan las ánimas todo el año.
Así que fuchi fuchi antes que los convierta en príncipes.

Ah, pero antes vean esto: http://thoughtballoonhelium.blogspot.com/2011/10/know-your-ghosts.html

miércoles, 26 de octubre de 2011

Prosa poética cortada al alba... o sea, cuando el carro de Faetón aún no hendía el cielo por levante... no sé si se entiende

Chile es el único país que cuenta con dos Premios Nobel de Literatura, rubro poesía.
Bah, no sé si es el único. Si quieren, gugléenlo.
Como sea, esto constituye un tremendo lastre para aquellos a quienes se nos concedió una prosa más bien pedestre. Aunque no tengamos nada contra la infantería.
Pero -y mira cómo es la Naturaleza Humana- hay algunos que no se resignan, que no tiran la toalla, que no bajan, en fin, el moño: los periodistas.
Esta mañana, por ejemplo, entre que me duchaba, esperaba que hirviera la tetera (porque yo soy de la vieja guardia: los hervidores eléctricos NO hierven el agua tan bien como las teteras) y me preparaba una ensalada de verduras y otra de frutas para llevar al trabajo (no será esta la oportunidad en que abandonemos la tradicional campaña "Por Un Verano Digno", digo yo), porque a esos andurriales donde hago patria de lunes a viernes no llegan ni las lechugas, escuché que un periodista comentaba el rendimiento -o la ausencia de él, en realidad- de un atleta en Guadalajara, diciendo: el cansancio le pasó la cuenta con un interés oneroso. Y cuando todavía no me reponía de la intensa emoción que me provocó el ser, yo, incapaz de clasificar la figura retórica en cuestión, viene otro, el que da el pronóstico del tiempo, el arúspice digamos (aaaaah, esa palabra, arúspice, la aprendí con un novio; ésa y "ramonear", lo que confirma que, a diferencia de las mujeres, que son la perdición del hombre, los novios le hacen bien al léxico de una)... ¿para dónde iba yo?... ah, ya... viene el tipo que da el tiempo y dice más o menos así: hoy es miércoles, estamos en el ombligo de la semana.
Después de eso, me fui feliz a tomar el metro: nada podría ser peor.





¡Momento! ¡Momento! ¡Paren las rotativas! Piñera acaba de decir en la tele: Chile y Paraguay no comparten una frontera, lo que lejos de separarnos nos acerca aún más...

Otro día me lo explican.

miércoles, 12 de octubre de 2011

¡Falla BlackBerry!

¡Ooooooooh! ¡Horror de horrores! ¡Qué espanto! ¡Qué vamos a hacer ahora! ¡Por qué nos tiene que pasar esto, Señor! ¡Se nos vino la noche! ¡La Debacle! ¡El Horror! ¡El Horror! ¡El Hoooooorror! ¡El Hooooorrrrrrrroooooorrrrrrr! ¡Eeeeeeeeel Ho-rro-r! ¡El Apocalipsis Now! ¡Tenían razón los mayas! ¡Los mayas-quichés! ¡Los quiche lorraine!  ¡Y el Popol Voulez-Vouz! Chetumal...
Me duele, ¿eh?, me duele mucho. Me conduele hasta el tuétano.
Cómo se las va a arreglar ahora toda esa gente que pagó un dineral para navegar, para googlear, para bloggear, para tuitear, para facebookear todas las cosas interesantes de ciento cuarenta caracteres que hacen, para estar conectados 24/7, para leer los mensajitos que les llegan a las tres de la mañana, ¡ARGH! Y todo por culpa de un interruptor central en la infraestructura de Research in Motion, por la flauta. Para peor, el Vicepresidente de Programas Informáticos de RIM, o sea, Research in Motion, o sea, el tipo al que tú, tú, tú y... a ver, déjame ver... sí, tú también, LE PAGAN EL SUELDO MILLONARIO por el juguetito que, ooooooooh, falló, dice que, y cito, "aún nos encontramos investigando el origen del problema". Y, ojo, lo dice en una CONFERENCIA TELEFÓNICA, o sea, o sea, o sea, a ver, espérate, O SEA QUE A ÉL SÍ LE FUNCIONA EL APARATO, kowaboonga!!
No sé tú que yo, pero yo que tú agarro la hoz, el martillo y una media docena de antorchas, si eres pulpo, y organizo ahora YA una marcha hasta su casa para ir a pisotearle los rododendros, los nenúfares y todos los enanos del jardín, porque no hay derecho. Lo menos que se les puede pedir, maldición, es que pongan el trasero in Motion y Researcheen el asunto. Aparte qué tanto se van a demorar en levantar el interruptor central, carajo. ¡Que no ven acaso que hay "retraso en la mensajería y navegación en internet"! O sea, o sea, o sea, ¡se dan cuenta, pedazos de esternocleidomastoideo, la cantidad de horas-hombre de navegación en internet que se ha perdido el planeta! Probablemente si las ponemos, a las horas-hombre de navegación en internet que sea han perdido, una encima de la otra haríamos una pila de ESTE porte, mequetrefes.
¿Y la acumulación de datos que se ha generado, eh? ¿Qué me dicen de la acumulación de datos que se ha generado?... Aaaaaaaah, veo que no dicen ni pío, pelmazos. Pero para recibir la plata de toda esa gente que, con los ojitos humedecidos por la ilusión, se compró la cosa del BlackBerry si que fueron buenos, ¡afeminados!
Y mientras yo estoy aquí, indignada, escribiendo esto, los datos se siguen acumulando y acumulando. Pobrecitos los datitos. Quizás cuánto político mundial está mandando, mandando, mandando datos y ellos, los datos, métale acumulándose, acumulándose... criaturitas del Señor. Ojalá que resistan el apretujamiento en que deben estar, y la inanición. Y con este calor.

En fin, ya como que se me pasó un poco la indignación.

Igual, pobrecita la gente BlackBerry.

Y tú, Android, anda poniendo las bardas en remojo (porque se dice "bardas" y no "barbas" como dicen los pelotudos; con las barbas NO).

Mira que el efecto dominó, te lo encargo.

domingo, 2 de octubre de 2011

Éxito

éxito.

(Del lat. exĭtus, salida).
1. m. Resultado feliz de un negocio, actuación, etc.
2. m. Buena aceptación que tiene alguien o algo.
3. m. p. us. Fin o terminación de un negocio o asunto.
Real Academia Española


"Hay gente que sueña con el éxito, yo me levanto temprano a conseguirlo."
 Felipe Cubillos

1. Flaco, si no hubieras andado tan preocupado de conseguir el éxito, habrías alcanzado a conocer a tus nietos.

2. En vez de que se ande muriendo gente por ir a reconstruir Juan Fernández, lo que hay que hacer es traer de vuelta a los que viven allá, porque lo único que han hecho es alterar el ecosistema del archipiélago al introducir plagas como el conejo o la zarzamora.

3. No gasten mi plata haciendo campañas para que la gente de a pie gaste menos electricidad, porque eso no sirve para nada, ni me hagan ninguna Hidroaysén. Los que tienen que ahorrar son los megahipersupermercados, centros comerciales, bancos, administradoras de fondos de pensiones, instituciones de salud previsional, empresas mineras, etc. Y agradezcan que no soy estadounidense porque partiría haciéndoles apagar todo Las Vegas.

Es tan simple que hasta yo me doy cuenta.

martes, 27 de septiembre de 2011

Síndrome del hoyo del queque

Hay gente que es capaz de cualquier cosa con tal de ser el centro y que se hable de ella.


Por ejemplo, Chile.



Actualización aclaratoria:

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Excusado

Gerard Depardieu se excusó por haber orinado la alfombra de un avión.

Bah, Catherine Deneuve, Juliette Binoche, o yo, habríamos tenido que pedir disculpas por, además, haber dado un uso no convencional a una mantita del avión.

domingo, 11 de septiembre de 2011

¡FOTOS HOT!

Porque estoy aburrida de aburrirme de que no venga nadie a este tugurio.
Para que vean que cuando me lanzo me lanzo y  me importa un comino.
Por primera vez en los 10 años de historia de este blog.
¡Fotos hot!

Clicka aquí y yo no respondo.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Máquina para tener Alzheimer a los 30

El otro día, recién el otro día porque salgo poco, me tocó participar en un homenaje a Terpsicore que incluyó aligeramiento de ropa, consumo de bebidas espirituosas y abundante ingesta de alimentos ricos en colesterol malo. Como no quiero aburrirlos con detalles escabrosos, voy a ir directo al grano: resulta que en el homenaje ese me enteré de que ahora hay una máquina que te enchufan en el teléfono y que te reconoce la música que están tocando. El adminículo en cuestión te puede servir para cosas re interesantes, por ejemplo, saber qué música de mierda están tocando en esos antros adonde las malas juntas arrastran a la gente sin carácter como yo, y que además no sabe mucho de música de mierda de ahora y pierde todas las apuestas y queda como una imbécil.
Bueno, no contenta con quedar solo como una imbécil, bajé otro peldaño cuando le conté lo de la máquina a Mariel, quien partió a ver si el último teléfono que le regaló su papá la incluía. Y obvio que sí, porque para eso su papá es "Asesor". Trabajo que hoy por hoy la lleva. Porque somos una tropa de ignorantes que no conocemos ni la música de mierda de ahora, así que necesitamos que nos asesoren. Pero me estoy apartando del tema, volvamos. Decía que Mariel encontró la máquina en su teléfono y a partir de ahí me di cuenta que ýo misma había abierto las puertas del Averno, conviertiéndome de paso en una Perfecta Imbécil. ¡TODA LA TARDE ANDUVO ACERCÁNDOLE LA MÁQUINA A CUANTA COSA SONABA!
Afortunadamente Dios se encarga personalmente de resolverme los problemas y cuando estábamos viendo una película, la cosa esa reconoció perfectamente una de Lady Gaga, pero se las vio negras con Rimsky-Korsakov.





sábado, 3 de septiembre de 2011

¡Por mis barbas!

Bueno, salvo que a esta hora se encuentre en una isla solitaria, alejado de las vicisitudes de la vida y las pasiones mundanas, llevando una vida centrada en sus estados de conciencia y en contacto con la naturaleza -que es lo que sueña todo Libra que se respete, particularmente los nacidos el siete u ocho de octubre-, parece que el conductor de televisión Felipe Camiroaga se murió, y en este momento se encuentra alejado de las vicisitudes de la vida y las pasiones mundanas.
Al respecto, dos reflexiones:
I. Todo parece indicar que murió por rasurarse la barba un par de días antes.
O sea, nada más lejos de mi ánimo que decirles lo que tienen que hacer, pero ya saben: o le hacen caso a esas mujeres mariquitas con las que se relacionan ustedes y que se quejan de que las barbas pinchan, o me hacen caso a mí -que sin distinción de raza, nacionalidad ni credo, adoro a los hombres que se dejan barba, particularmente si se la lavan con champú, porque está hecha de pelo, y no tienen clonques adheridos a ella- y se mantienen vivos.

II. Así como César Vallejo dijo " me moriré en París" y se cumplió su vaticinio, resulta que hace dos meses Felipe Camiroaga tuiteó unos versos de Gonzalo Rojas (que se murió en Santiago) que dicen del aire soy, como todo mortal, del gran vuelo terrible y estoy aquí de paso a las estrellas. Y se cayó el avión en que iba a Juan Fernández, lugar paradisíaco al que la sensatez y la observación  de su pista de aterrizaje, diseñada por alguna mente enferma aficionada al coleccionismo de portaviones, indican  que hay que llegar por mar. Pero, escucha lo que te digo, BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA, en un acorazado alemán.

Todo lo anterior confirma que:
1) Hay un Servicio de Muerte a la Carta.
2) Si publicas en internet versos de poetas muertos, te mueres. Tarde o temprano, te mueres.

Yo lo único que pido es no morirme de a poco y que no me duela mucho.



jueves, 18 de agosto de 2011

Ministeriables


                                                           Muy bien, ¡APROBADO!                             


                                                    ¡EXCELENTE!, que pase el siguiente...


                                                    Genial... ¡NEXT!


                                         Maldición, Jaime. Estuviste tan cerca...


lunes, 15 de agosto de 2011

Declaración pública

Vengo en declarar que el jueves 11 de agosto de 2011, poco después de las 21:00 hrs., en dependencias del Edificio Corporativo de la Polla Chilena de Beneficencia -empresa de juegos de azar con uno de los nombres más desafortunados si no del mundo al menos de la parte de habla castellana-, ubicado en calle Compañía 1085, comuna de Santiago, Región Metropolitana, se llevó a cabo ante notario público el sorteo de LOTO correspondiente a la fecha, con un pozo histórico de 8 mil millones de pesos, que viene siendo algo así como, billetes más billetes menos, 16 millones de dólares, y tuvo un solo ganador, que vive en Quilpué, y que no soy yo, porque yo vivo en Santiago.

Así que tú, tú y tú, se perdieron 500 lucas.


FIN

jueves, 4 de agosto de 2011

Señora, desempolve su chancho eléctrico

Cuando le preguntaron a Einstein cómo iba a ser la Tercera Guerra Mundial, respondió que no sabía. Yo tampoco. Pero lo que sí sé es que los celulares los están haciendo cada vez más grandes y los computadores más chicos, así que va a llegar un día en que ambos se van a juntar, y entonces ¡KABOOM!
A partir de ahí nos vamos a comunicar telepáticamente, porque de un tiempo a esta parte veo mucha gente que dice "ay, sí, yo estaba pensando lo mismo".
Otra cosa que observo es que los celulares los están usando como radio a pilas, y ahí me dan ganas de agarrar palos y piedras.

F.U.C.K.

El colegio en el que trabajo tiene JEC y recibe beneficios de la ley SEP, así que andamos como locos porque este año se aplica SIMCE en 4° y en 8°. Aparte tengo que preparar a los IV°s que rinden PSU. Y como soy jefe de departamento, estamos redactando el PEI; y queremos incorporar -además del PLD- el PLSS en todos los cursos, incluyendo NB1 y NB2. Y tambien contratar externos que nos ayuden con los ANE.
Como si todo esto fuera poco, estoy a cargo del CRA, así que me van a mandar a hacer el curso de coordinador; curso del que casi quedo fuera porque la secretaria no había mandado mi RUT. Afortunadamente esto no pasó con los tres cursos que hice en las vacaciones. Ni con el que estoy haciendo ahora; que es un e-learning, pero igual me quita mucho tiempo porque hay que participar en los foros, cosa que no me causa ni pizca de gracia, porque si quisiera chatear entraría a solteros.cl, ¿no? Y de las PCC ni hablar, que de tanto preocuparme de los AE y de los IL a veces me olvido de los OFT. En cambio, los CMO los tengo súper presentes, eso sí.

O.K. Igual a veces siento que me estoy yendo un poquitito al carajo y eso es re fome, ¿cachai?

martes, 26 de julio de 2011

Atentado

Vengan para acá que quiero salvar al blog del terrorismo de derecha y del fundamentalismo cristiano, y del flagelo del alcohol y de las drogas. Vengan les digo, que les voy a presentar a Ailín.
Ailín tiene doce años y va a una escuela que atiende a "menores en riesgo social" (¿viste como le gusta a la gente el eufemismo?) de una comuna de la periferia, en un país que a costa de sangre, sudor y lágrimas y dictadura ha sabido escalar puestos hasta situarse en un lugar bastante encumbrado del ranking de países con la peor distribución del ingreso. Pero Ailín no sabe de dictadura, ni de distribución del ingreso, ni de eufemismos.
Hoy, en la clase de Lenguaje y Comunicación, Ailín aprendió que en los cuentos y novelas existe algo que se llama "ambiente", y que este coso llamada ambiente puede ser físico -una playa, la selva, la sala de clases, el zoológico, un submarino...-, psicológico -una atmósfera romántica, o de suspenso, terror, intriga, hastío o qué sé yo- y social -ricos, pobres, clase media, "cuicos", "flaites", marginales, etc.-.
Para comprobar que Ailín y sus cuarenta compañeritos habían entendido, la profesora (que es una bestia), les pidió que escribieran un cuento. Un cuento, ¿entiendes? Como si fuera cosa de llegar, agarrar y escribir un cuento. Por si fuera poco, la profesora (que es una bestia, no sé si ya lo dije), les puso una serie de condiciones. De partida les explicó que un cuento debe tener un inicio, un desarrollo y un final más o menos claro, pero siempre sorprendente; y personajes, y sobre todo los tres ambientes esos; y no hay que pensar que los lectores son deficientes mentales, aunque lo sean (no, no, ooooootros lectores), así que no hay que hacerles las cosas fáciles y explicarles todo, no, más bien hay que hacerles las cosas cuesta arriba, porque las cosas son cuesta arriba. Y de yapa la bestia profesora les pone una restricción. Una restricción a lo bestia: extensión má-xi-ma de tres renglones porque no tiene todo el día.
Y se pusieron manos a la obra literaria.
De a poco fueron saliendo historias. Y la Bestia gruñía "no, no, muy largo; métale tijera; pódelo", "no explique tanto, escriba para un lector inteligente, por ejemplo, yo", "eso no sorprende a nadie", y así.
Hasta que se acercó Ailín, con su cuaderno de forro rojo (como todo cuaderno de Lenguaje y Comunicación que se respete, desde tiempos inmemoriales), en el que había escrito lo siguiente:
En la playa un hombre romántico busca un amor de clase media.

Lloré. Les juro que lloré.
Pero lloré para dentro porque yo ante mis alumnos soy La Roca.


(Dedicado a esa pobre niña que no pudo más con el "riesgo social" y puso fin a su vida de manera más o menos voluntaria.)

jueves, 14 de julio de 2011

A los bifes

Al estimado lector que llegó a este humilde blog luego de preguntar "el bife chorizo argentino es nuestro querido lomo vetado?", le digo que la respuesta es la misma que cuando uno se pregunta "¿me quiere?".
O sea, la respuesta es NO.

Y mira que de eso yo sé un montón.

lunes, 20 de junio de 2011

Moteles

No entremos en detalles. Cómo lo supe no viene al caso. Estoy un poco apurada, otro día te explico. No aclaremos que es de noche. El asunto es que los moteles (los "telos", "otra parte") están repletos los días previos a Navidad y Año Nuevo, y vacíos el Día de la Madre y el Día del Padre.

sábado, 18 de junio de 2011

Anai Le posteando que llueve en Santiago

Y bien, cuando ya las autoridades comenzaban a preocuparse (!), cuando el diálogo de pasillo acerca de la ausencia de lluvia se estaba como agotando, cuando las botas que compré hace dos meses "para cuando llueva" languidecían por falta del recurso hídrico, cuando ya empezaba a pensar que no me iba a quedar otra que desenrrollar la manguera y regar el jardín, cuando ya estábamos por borrar todos los libros de geografía (arriesgándonos a perecer bajo montañas de cositos esos que salen de la goma cuando uno borra) y  escribir "Clima mediterráneo con estación seca todo el año" donde antes dijera "con estación seca en verano", ahí, justo ahí, se largó a llover.
Y se largó a llover a cántaros. A chuzos, se largó a llover. Se largó a llover como si fuera acabo de mundo. Se largó a llover a la antigua. Como si no hubiera otra cosa que hacer. Como si alguien le hubiera ofrecido plata a las ánimas para que lloviera. Como si le hubieran susurrado ternuritas al oído a la lluvia para que entregara la flor.
Se largó a llover desmesuradamente. Exhaustivamente. Hiperbólicamente. A pata suelta. De par en par. Hasta verte cristo mío. Se largó a llover estilo para qué andar con mediodías habiendo días enteros.
Se largó a llover en modo después de esta vida no hay otra. Perros y gatos, para el lector anglófono.
Así se largó llover hace dos horas.

Probablemente el lunes les estaré contando cómo va la campaña "Chile ayuda a Chile".

jueves, 16 de junio de 2011

Los estudiantes

En Chile, hasta antes de 1980 cualquier hijo de vecino que estudiara en un liceo fiscal recibía una educación de tal calidad que le permitía aprobar las pruebas de selección e ingresar a una de las tres universidades que existían (con sedes en todo el país). Una vez dentro, y gracias al Arancel Diferenciado, el que tenía plata pagaba, el que tenía menos pagaba menos y el que no tenía no pagaba. Era muy simple la cosa. Varios presidentes de la nación y muchos políticos se educaron gratis.
A partir de 1980, la educación se convirtió en el negocio más descarado de la historia. En virtud de un decreto cooperador de la función educativa del estado, cualquier mercanchifle de poca monta arrendó una casa, instaló un colegio y amasó una fortuna. Los mercanchifles más pudientes instalaron universidades de mala muerte y se forraron  en plata.
Hoy la educación en Chile es cara y mala. Los que no tienen para pagar, hipotecan su futuro.
Y yo anduve todo el día cantando me gustan los estudiantes porque son la levadura... 









martes, 7 de junio de 2011

¡Ay, mamá, que yo no fui!

Ya venía sintiendome medio mal, medio con la moral baja con eso de que se incendió el pueblito de Los Dominicos y el Samoiedo a fin de mes baja la cortina para siempre, pero esto de que los fenómenos de la naturaleza hagan caso omiso de la línea de las más altas cumbres me hace sentir culpable. No sé, algo habré hecho, ¿no?
Como sea, aprovecho esta tribuna para hacer un llamado urgente: ¡manden vírgenes!
A ver si así el Pillán, él espíritu perverso que habitta en las entrañas de los volcanes, se tranquiliza un poco.




Esta foto me la robé de por ahí.
No pensarán que me voy a ir a meter a la boca del lobo.
Y para tomarle fotos.

martes, 31 de mayo de 2011

País en vías de lengua aglutinante

El otro día, en esta larga y angosta franja de tierra se conmemoró profusamente el  Día del Completo.
"¿Y qué es un completo?", te preguntarás.
Un completo es un hot-dog, pero a lo bestia.
O sea, tiene pan de hot-dog y salchicha de hot-dog, pero arriba lleva deuncuantuay.
A saber: el dinámico tiene palta, tomate, salsa americana, salsa verde y mayonesa; el italiano, palta tomate y mayonesa; el tradicional, tomate, chucrut y mayonesa; el... no, no quiero abrirte el apetito, dejémoslo así.
Claro que la gente de a pie, la que vive con el sueldo mínimo, la carne de cañón, digamos, come sopaipillas compradas en el carrito de la esquina nomás.
(Para los que viven en Argentina: las sopaipillas son las tortas fritas. Los que están en Turquía, arréglenselas como puedan. ¿Tengo que andar explicando todo?!!!)
Pero mira como es la Naturaleza Humana, el C3 quiere ser C2 y el C2 quiere ser ABC1; resulta que de un tiempo a esta parte, los carritos tienen también deuncuantuay para ponerle arriba a la sopaipilla proletaria. O sea, se nos aburguesó la sopaipilla. Y de paso dio la oportunidad para que campeara el proverbial ingenio del chileno medio, porque me enteré el otro día (otro día; no el del completo) que le llaman -agárrate, catalina- sopaipleto!!!
Pero la cosa no para ahí, no, no, no. El Día del Completo hicieron unos ofertazos de 2 x 1, o de 4 x 2, o de, en fin, y la gente agarró y empezó a comprar de a 24 x 12, causando un total desabastecimiento de salchichas y prácticamente una hecatombe de eso que le ponen adentro a las salchichas, y que afortunadamente hasta ahora ninguna universidad de ninguna parte se ha dedicado a investigar, y es mejor así, porque hay cosas que es mejor no saber.
Yo, en lo personal, no celebré el Día del Completo, pero un agente encubierto que puse en el Doggi's me contó que alcanzó justo justo los 2 últimos completos, completos. Y cuando se retiraba del mesón con la preciada mercancía, oyó el siguiente diálogo entre el completero y un completante:
- No, no hay más, se acabaron las salchichas.
- Pucha.
(Acá el completante debe haber exhalado un suspiro de frustración. O un bufido de ira, no sé, pero lo que haya hecho fustigó la solidaridad del  chileno.)
- Pero te puedo hacer un pan con todos los demás ingredientes...
- Ah... un panpleto...

No más preguntas, señor juez.

domingo, 29 de mayo de 2011

La Reina Isabel regalaba Ford Galaxies

Ford Galaxy... Ford Galaxy... Ford Galaxy... en otra parte están diciendo que el Ford Galaxy era usado como radiotaxi, y como que me sonaba, pero no sabía de dónde porque yo nunca he sido tuerca.
Hasta que me acordé: un Ford Galaxy es usado como auto presidencial en Chile.




Aquí lo vemos, bien monono, en el Patio de los Naranjos del Palacio de La Moneda.
Es un Ford Galaxy 500 XL del año 1966, por si te gustan los números.
Ah, ¿no te gustan los números, sino las historias?
OK, entonces eres de los míos. Te cuento: este automóvil fue regalado por la Reina Isabel II en su visita al país, en 1968. Y la tradición de usarlo como auto presidencial la instauró Salvador Allende, en 1970.
Ahora bien, no significa que el presidente ande para todos lados en este auto, nada que ver; se usa solamente en situaciones ceremoniosas.

Igual feo el auto.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Entrenamiento

Hago pruebas. Hago muchas pruebas. Hago pruebas casi todos los días. Y tengo objetivos. Y me mandan a hacer cosas arriesgadas y sofisticadas. Aparte llevo semanas durmiendo cuatro horas diarias, porque me desvelo con eso del combate terrestre. Porque yo combato terrestremente, ¿sabes?  Y me deslizo por el fango de la ignominia con la habilidad de un Mark Spitz y la gracia de una Esther Williams. Y me la paso corriendo de acá para allá todo el santo día. Uf.
Ah, y tengo a un barbudo en la mira.
O sea, ando medio desaparecida porque estoy entrenando para el equipo de los Seals.


lunes, 9 de mayo de 2011

Lunes

Ya es lunes otra vez.

Me quiero matar.

domingo, 1 de mayo de 2011

Los lemanes son grosos

Con "aparejos" y "vituallas", zafé; con "carenar", empezé a hacer agua; pero cuando Mariel -que continúa haciendo desesperados intentos, con pleno éxito, de desenorgullecerse de mí- me preguntó por "piloto lemán", di unos manotazos de ahogado (tipo "¿piloto alemán?"... "¿piloto Lemans?"), pero definitivamente me fui a pique.
Como no quiero que te pase lo mismo cuando tu hija esté estudiando el Código de Comercio, te cuento: el piloto lemán es el tipo al que ir a despertar cuando uno va a cruzar el Paso Drake. O sea, es el experto que conduce el barco en los lugares de difícil navegación. El capitán en aguas procelosas. El que no tiene miedo a ser bacán en un mundo fulero. Ése.
Así que cuando me llamen al tercer focus group de mi vida, y no me pregunten de sopas ni de agua mineral, sino de hombres, no diré que me gustan inteligentes, con sentido del humor y magnates. No, nada que ver. Me gusta que el tipo sea piloto lemán y magnate.
Te digo más, borraré del escudo de la familia el lema "Dios es mi copiloto" -un clásico en microbuses y camiones- y escribiré en comic sans "Dios es mi piloto lemán".
O "mi piloto lemur".
Y quiero en mi vida un piloto lemán para las partes difíciles, un doble para las peligrosas y a Jennifer Lopez en las partes de sexo.
Ah, y que no se apodere de mí Jerry Lewis en las reuniones de Jefes de Departamento los lunes.

A propósito de séptimo arte, ¿vieron "Dormir al sol"?

No, si ahora resulta que me codeo con pura gente importante, ¡maldición!