martes, 3 de noviembre de 2009

¡Se operó la "gabriela", galla!

Cambios, cambios, cambios.
Renovarse o morir.
Evoluciona.
Adáptate al cambio que si no estás frito.

Cuando todavía no terminábamos de acomodar el billete de dos mil pesos en el bolsillo -básicamente porque se resbala-, ahora le tocó el turno al de cinco mil: la gabriela.


El de arriba es el billete antiguo; el de abajo está circulando desde fines de septiembre, pero a mis manos llegó recién el fin de semana. Me parece que tengo que salir más.
A comprar, al menos.
Como era de esperar, no le gustó a nadie; y todos los dardos apuntan hacia el gobierno (me encanta esta frase hecha).
Si en algo nos parecemos es que a todo el mundo le gusta quejarse y practicar tiro al blanco.
Yo, la verdad, no me animo a pronunciarme respecto a la apariencia del nuevo billete.
Me intimida un poco el que detrás de su diseño haya un equipo de técnicos y expertos, encabezados por el Director del Museo de Bellas Artes, que trabajó -dicen- tres años en esto.
O sea, expertos, ¿te das cuenta?
Yo experta no soy, de manera que no estoy en condiciones de decir si es bonito o feo.
Igual tres años encuentro un poco mucho... bueno, bueno, "lento, pero seguro".
Quien luce un aspecto bastante rejuvenecido es Gabriela Mistral; nuestra incomprendida Gabriela Mistral.
No basta que le hayamos dado "el pago de Chile" -expresión que nos retrata de cuerpo entero, y que se aplica a quien habiendo realizado una labor provechosa, recibe a cambio la más perra ingratitud-, que escarbemos morbosamente en su vida personal, que sigamos creyendo que su obra se reduce a ¨Piececitos de niño, azulosos de frío..."; no, ahora se les antojó "embellecerla".
Claro, como el chileno medio -medio huevón- la encuentra fea y "ahombrada", el equipo de expertos no encontró nada mejor que sacarle todos aquellos rasgos que hacían vislumbrar su temple y darnos a cambio una viejecita insípida.
Viejecita que probablemente en un tiempo más nadie sepa quién es, porque al hecho de que ya brilla por su ausencia en las salas de clase ahora se suma el que su nombre aparece practicamente ilegible; y si en el billete antiguo al menos decía "Premio Nobel 1945", ahora, ¡las pinzas!
Ah, pero a nadie le cabrá duda de que es un billete de cinco mil pesos: hasta ahora he encontrado doce lugares donde lo asegura.
Es muy moderno, eso sí.
Y un embajador de los valores patrios. Tiene un sol mapuche -pueblo originario que acá se ama y respeta (sí, sí, sí; esto se llama "ironía" y es una figura retórica)-, palmas chilenas -que le ganaron por cabeza a los glaciares nortinos. Y eso que la candidatura de los glaciares iba patrocinada por importantes empresas mineras- y un tucúquere.
El tucúquere me gustó.
Si hubiera visto uno alguna vez, yo le habría dicho "chuncho".
Tucúquere es un lindo nombre.
Es onomatopéyico.
Lo otro que me gusta del billete -además de que con este pololito (changuita, trabajito) se ganaron un billetín unos suecos y unos australianos. Parece que la Casa de Moneda de Chile decidió ceñirse a su nombre al pie de la letra- es ese espacio con líneas que trae al reverso.
Si eres una persona práctica, ahí puedes anotar la lista del supermercado.
O, y aquí viene lo mejor, si tienes talento para la poesía -¡como Gabriela Mistral!- puedes hacer un haikú.
No, mejor una paya en cuarteta. Y así difundes la cultura popular.
Ah, como referencia, una gabriela alcanza como para dos Big Mac.
Creo. No sé.
Hmmmm, a ver... digamos que alcanza para 6 kilos de marraquetas en el negocio de la esquina.


4 comentarios:

Aleida-g dijo...

De la Gabiela
oigo hayes de dolor
no,photoshop no.

(mi humilde haikú)

Y para las marraquetas, choricitos bombón( de puro cerdo)..

rs dijo...

Y así nos van borrando los rasgos distintivos y nos van poniendo unos más comunes, más aceptados, "más lindos", hasta que nos convierten a todos en la misma masa uniforme y amorfa, si se me permite la expresión.
Y después Podeti se enoja por la nariz del aceitoso, y tiene razón, qué quiere que le diga.

fifidubio dijo...

Lo del "pago de Chile" también podría llamarse "pago de Argentina". Algunos de los más ilustres argentinos de la historia han muerto exiliados o "suicidados" (en algunos casos por mano propia). Y/o se ha dicho de ellos que eran gay, o que estaban a favor de la monarquía/oligarquía/etc-quía, o que detrás de su comportamiento aparentemente altruista tenían no sé qué oscuros motivos, o bien que ... you name it.

Felicitaciones por el blog!

Anai Le dijo...

Es jodida la naturaleza humana.